Matamoros, territorio de los cárteles. Bajan a alumnos del transporte escolar para robar el camión y usarlo en los bloqueos
Como siempre, la realidad es la que le tapa la boca a los hocicones. Hace algunas semanas el presidente López Obrador declaró que en México no existían territorios controlados por los cárteles de la droga. Lo dijo ignorando los reclamos de muchas comunidades de Michoacán y Guerrero que viven asoladas por los grupos del crimen que controlan desde la venta de pollo hasta los garrafones de agua. En Tamaulipas, el estado gobernador por el amigo de los cárteles, Américo Villarreal, la frontera se la disputan los diferentes carteles que controlan el estado. De hecho, se sabe, por medio de audios que han circulado en algunos medios informativos, que los Zetas y el Cártel del Golfo se han aliado para evitar que el Cártel Jalisco Nueva Generación les quite territorio fronterizo.
En los tiempos de la Cuarta Transformación el desdén y la descortesía se han convertido en una virtud. El presidente de México es quien pone el ejemplo. El día que le entregaron la “Medalla Belisario Domínguez” a Elena Poniatowska el presidente decidió no asistir, mostrando su desdén a una mujer que lo apoyó en sus tres campañas presidenciales. Pero no todos los funcionarios públicos son iguales. Patricia Lobeira, alcaldesa de Veracruz, dio muestra de una gran civilidad política al dar recibimiento a dos de las “corcholatas” presidenciales de Morena, Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard. Entiende la alcaldesa de Veracruz que sin civilidad política se anula el diálogo, tan necesario en un estado democrático.
«Hemos iniciado un proceso de transformación impulsado por el Señor Presidente, en el que la estrategia ha sido cambiar las prioridades y poner la atención en quienes más lo necesitan. El Presidente ha sido un gran aliado de nuestra organización sindical. Por ello, no escatimamos el menor esfuerzo para apoyar los cambios que impulsa para forjar otro México». Si usted piensa que estas palabras las dijo el vetusto y difunto líder sindical, Fidel Velázquez, está equivocado.
El profeta Jeremías sentencia: «Maldito quien confía en el hombre, y es que Dios es el único que siempre permanece fiel, que nunca va a fallar». Y es que, para desilusiones en el Senado ahí está Ricardo Monreal, quien se había mostrado congruente y valiente con sus declaraciones. Sin embargo, sólo hizo falta que el presidente López Obrador le guiñara el ojo y que lo invitara a la mesa de las corcholatas en Palacio Nacional para que Monreal se olvidara por completo de su congruencia y valiente postura.
Melquiades Bautista Hernández, comisario ejidal de Tatahuicapan acusó a la alcaldesa de Minatitlán, la morenista Carmen Medel, de negarse a cumplir con las obras prometidas para esa comunidad. El comisario ejidal responsabilizó a la morenista de que, gracias a su insensibilidad y negación al diálogo, se tuvieron que cerrar las válvulas de la presa Yuribia, a manera de presión, para que les cumplan lo prometido.
Reporta el periódico Reforma que «El robo de combustible mediante huachicoleo a Pemex aumentó con Juan Francisco Rivera Cavazos como encargado de la operación de ductos de la petrolera. Rivera Cavazos inició como coordinador de la operación de ductos que atraviesan Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz de 2006 a 2012. En ese periodo, las tomas clandestinas en Nuevo León aumentaron 764 por ciento al pasar de 14 a 121 ‘piquetes’ a ductos en la entidad. En el caso de Veracruz los hallazgos de tomas ilegales se incrementaron en un 909 por ciento al pasar de 21 a 212, mientras que en Tamaulipas subieron 5 mil 600 por ciento al pasar de sólo 3 tomas en 2006 a 173 en 2012».
Ese 24 de junio de 2021, a casi dos meses de la tragedia de la Línea 12 del Metro, tragedia en la que murieron 26 personas, el presidente López Obrador se llenaba la boca con sus promesas: «Yo ya puedo decirle a la gente de Tláhuac y a la gente de Iztapalapa y de Chalco, los que utilizan ese sistema de transporte, que a más tardar en un año está funcionando de nuevo la línea con toda la seguridad, y es mi palabra». «Es mi palabra», dijo. Ahora sabemos que su palabra no vale nada.
Según varios especialistas, la megalomanía es definida como un trastorno de la personalidad, caracterizado porque la persona tiene ideas de grandeza, de manera que puede mentir, manipular o exagerar algunas situaciones o a las personas a fin de conseguir sus objetivos. Después de las múltiples reformas que los senadores morenistas sacaron por la desaseada vía rápida, demuestra que el presidente López Obrador es un megalómano. Es un hecho que los senadores morenistas no se mandan solos, éstos no representan un poder autónomo, libre y soberano que en verdad representen y defiendan los intereses del pueblo.