En el enfrentamiento entre Yunes y AMLO, ¿quién gana, quien pierde?
El enfrentamiento verbal entre el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares y Andrés Manuel López Obrador no debió darse si cualquiera de los dos hubiera sido más prudente guardando silencio. López Obrador vino a provocar, porque sabe que eso le da planas en los medios de comunicación, comentarios en las redes sociales y adeptos entre la población inconforme. Caer en la provocación de López Obrador puede tener varias intenciones. En Miguel Ángel Yunes Linares la primera puede ser responder a la persona que agravia a los periodistas y al gobernador; si es sincera es válida. Pero la segunda podría ser compartir las planas y comentarios con un contendiente que es replicado en todo el país.
Dígame si no. La confrontación entre Yunes y AMLO estuvo en todos los noticieros a nivel nacional, estuvo en todos los periódicos impresos más importantes del país, estuvo en todas las redes sociales. ¿Quién gana en esta confrontación? ¿Hará Yunes que López Obrador renuncie a sus aspiraciones cuando le muestre las pruebas del dinero que Javier Duarte le aportaba a Morena? Ya dijo López Obrador que no. ¿Evitará López Obrador que Fernando Yunes sea candidato a la alcaldía de Veracruz?; tampoco. López Obrador no reconoce las pruebas de dicho y si las hubiera de hecho o de documentos, las negaría y con ello quedan descartadas.
En el caso de Fernando Yunes, senador de la República, sus aspiraciones a crecer en la política y en la función pública no las puede detener ni su padre, porque sus aspiraciones son legítimas. Es mayor de edad y puede hacer con su vida lo que le pegue la regalada gana. Ya porque es hijo del gobernador se va a sentar a esperar a que la gente olvide que su padre alguna vez fue gobernador; pues no.
En nuestro tiempo el silencio es un hábito que ha sido menospreciado por muchos, sobre todo por lo políticos quienes se han formado bajo la premisa culposa de que el que calla otorga. Pero no sólo los políticos, la gran mayoría piensa que cuando alguien lanza injurias en nuestra contra estamos obligados a contestar de la misma manera; oiga usted bien, «de la misma manera».
La vez pasada, los padres de Enrique Capitaine, preso en el penal de La Toma, dijeron que habían conseguido un amparo federal con el que su hijo iba a salir en libertad. Pero el amparo sólo obligaba al juez a que valorara una vez más ciertas pruebas que se habían omitido y que creaban discrepancia con lo que las testigos habían declarado. Finalmente se tomaron en cuenta esas pruebas y se volvió a ratificar el auto de formal prisión.
Ahora bien, la cosa no está como para que la Comisión Estatal de Derechos Humanos o la inexistente CEAPP se rasguen las vestiduras y exijan a López Obrador que se disculpe. El tabasqueño no lo va a hacer, es más ni los va a tomar en cuenta. Tanto Derechos Humanos como la Comisión de Periodistas deberían estar ocupadas en sus verdaderas labores.
El problema de Andrés Manuel López Obrador es que nadie se atreve a decirle que se ha equivocado. ¿Acaso ve usted al desequilibrado Cuitláhuac García diciéndole a AMLO que Manuel Huerta está dejando entrar ratas y cucarachas a la casa de Morena?
Andrés Manuel López Obrador pudo ser presidente de la República en 2006. Lo tenía todo para serlo. También tenía en contra mucho para no serlo. Vicente Fox consiguió que el Consejo Coordinador Empresarial articulara una guerra sucia deleznable en contra del tabasqueño, poniendo en la televisión pública videos en donde se le comparaba con los peores dictadores del mundo. El IFE de entonces, presidido por Luis Carlos Ugalde, fiel a Elba Esther Gordillo, no hizo nada para detener la guerra sucia. La única respuesta que tuvo el equipo de campaña de López Obrador fue poner a la abuelita de la literatura mexicana, Elena Poniatowska, a decir que no fueran feos y que respetaran la contienda electoral.
Por un lado, don Alfonso Romo habla muy bien de López Obrador en la revista Forbes, señalándolo como un sujeto congruente que quiere el bien para México. «Andrés Manuel me cayó muy bien, por cierto, es un hombre muy sencillo, sensible, inteligente, muy culto» dijo el multimillonario empresario que elabora junto con otros personajes de la política, la cultura y la empresa en México, el proyecto de nación que habrá de presentar López Obrador en las elecciones presidenciales de 2018.
Ahora resulta que está mal poner al descubierto la corrupción y los excesos de la pareja que vivió por seis años en la Casa Veracruz; ahora resulta que se invade su intimidad al darnos a leer los mantras que son prueba de su desaforada ambición, de su falta de escrúpulos; ahora resulta que hasta deberíamos pedirle perdón a Karime y por qué no, al mismo Javier Duarte, de quien en momentos de catarsis nos hemos reído al darnos cuenta de su esperpéntica personalidad.