Un hombre viejo y cansado

Viejo
Andrés Manuel López Obrador al inicio de su Tercer Informe de Gobierno FOTO: SACHÉNKA GUTIÉRREZ/EFE
- en Opinión

Sergio González Levet / Lo vi un hombre abatido y agobiado. Flaco-enfermo, no delgado-sano.

Los hombros vencidos, como si estuvieran llevando el mundo sobre ellos (Paul McCartney).

Cuidado, se ve acongojado, pero no triste, para nada. No hay nadie que disfrute más el poder; ese poder, el mismo que estuvo acariciando por 18 años, y que se le hizo realidad un domingo soleado de junio, cuando la esperanza se le convirtió en 30 millones de voluntades enderezadas a su favor.

30 millones, un número que a cualquiera vuelve loco de alegría… y/o loco a secas.

En su tercer informe oficial (y como el décimo oficioso) fue triunfalista al viejo estilo tricolor: vamos bien y viene lo mejor, pero con su dosis de estilo personal: vamos bien, muuuuy bien, y seguiremos así de mejor.

De su boca salen palabras lentas, paladeadas, tropicalizadas

Dicen siempre su versión, repetida al infinito en estos años de su gobierno:

Que México ya se transformó, que no hay marcha atrás (sic), que no hay nepotismo (resic), que se acabó la corrupción (¡recontrasic!).

Empecinado, cree en él y en su entereza por decreto.

Empecinado, busca lo sublime en lo cotidiano ( Joan Manuel Serrat).

Pero algo no anda bien en medió de todo ese triunfalismo, y ciertas penas probables lo hacen cometer el desliz:

“Estoy seguro de que la gente va a votar a finales de marzo del año próximo porque continúe mi periodo constitucional hasta finales de septiembre de 2024. Desde luego no sólo es esto lo único que necesito para concluir mi misión: falta lo que diga la naturaleza, la ciencia y el Creador, pero, si tengo suerte y termino mi mandato, creo que vamos a consumar la obra de transformación y no dejaremos ningún pendiente. Cuando esté entregando la banda presidencial solo diré a los cuatro vientos ¡misión cumplida! Me voy a Palenque, les dejo mi corazón.”

Hum… “falta lo que diga la naturaleza, la ciencia y el Creador”.

Otro hum… “si tengo suerte y termino mi mandato”.

¿Qué hay atrás de estas frases? ¿Un achaque grave de la salud? ¿Una espada de Damocles que pende sobre el cuello presidencial?

La condición física del Patriarca es un secreto de Estado, pero en una de ésas algo se le chispoteó al propio paciente.

Eso sí, acá le deseamos que goce de cabal salud.

Tampoco se trata de otra cosa.

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