Tan malo el giro como el colorado

Malo
Esteban Ramírez Zepeta y Gonzalo Vicencio Flores FOTO: WEB
- en Opinión

Sergio González Levet / Si en el comité nacional de Morrena andan perdidos con la elección de su presidente, en Veracruz no se quedan atrás y han hecho lo único que saben hacer, es decir, mejor no hacer nada.

Vamos por partes: en el cambio de la dirigencia nacional, a los genios desconocidos y desconocedores que conforman el círculo de asesores del patriarca AMLO se les ocurrió mover los hilos para que no hubiera una elección directa de los militantes (como es costumbre, porque ahí no hay democracia) y la decisión se diera a través de una encuesta, que pensaban cucharear.

Imaginaron tal vez que así podrían “orientar” el triunfo hacia quien era el elegido de los dioses, el diputado Mario Delgado, que cuenta con todos los recursos y las simpatías del círculo del poder y es el delfín notorio del Presidente y sus allegados.

¿Por qué él? Pues porque garantiza que se cumplan los mínimos deseos del Señor y sus allegados, y así se mantiene el control férreo y centralizado que priva en todos los rincones de la Cuarta Transformación.

Pero resulta que les salió el tiro por la culata, porque Porfirio Muñoz Ledo levantó la mano cuando menos se lo imaginaban y les echó a perder el jueguito de la elección.

Hasta la hora en que se redactan estas líneas, la indefinición persiste y en la masa morrenista cada vez hay más simpatizantes hacia Porfirio, quien es todo un referente histórico del partido y de la clase política mexicana.

En Veracruz, para no ser menos, el Gobernador se ha metido en un problema similar, porque quiso imponer en la dirigencia estatal del partido que no es partido y del movimiento que no es moreno sino Morreno a un recomendado suyo, Esteban Ramírez Zepeta, quien trabajaba a su lado y decidió “renunciar” y “sacrificarse” en su afán de controlar los destinos estatales de los morrenistas, lo que quiere decir que iba a imponer las candidaturas a alcaldes y diputados del año que entra, lo que puede significar un negocio bastante amplio, en lo político y en lo económico.

Pero acá también les salió una sorpresa, porque el actual encargado de la presidencia del partido (o movimiento), Gonzalo Vicencio Flores, dijo esta boca es mía y se lanzó a buscar la dirigencia.

Lo hicieron tan mal desde el Gobierno del Estado (lo que ya no resulta raro, después de tantas pifias, que no aparecerán en el Informe de Gobierno) que finalmente tuvieron que hacer otra morrenada y ahora resulta que no habrá renovación democrática de la presidencia estatal y en cambio se mandará un delegado desde la ciudad de México para sea el quien maneje el negocio de las candidaturas.

Lo que se ve es que ni en la ciudad de México, desde donde ¿gobiernan? el país, ni en Xalapa, desde donde ¿gobiernan? el estado, han podido poner orden en su brazo electoral.

Y las votaciones ya están a la vuelta de la esquina.

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