Los fifís son racistas

Racistas
Andrés Manuel López Obrador y la gente de pueblo FOTO: WEB
- en Opinión

Jorge Flores Martínez /

“Los que se creen de sangre azul, los fifí desprecian las culturas indígenas, son racistas, y esto lo han llevado a cabo, este desprecio desde hace mucho tiempo y esto ha llevado a que el indígena llegue a avergonzarse de su cultura, de su grandeza”. Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México

El racismo en México es un tema extraordinariamente complejo como para dejarlo en manos de políticos irresponsables. No deberíamos abordarlo con simplismos y mucho menos con intenciones demagógicas y politiqueras. El racismo en nuestro país se observa más por la falta de igualdad de oportunidades que por origen o color de piel.

Voy a exponer mi caso para evidenciar la falta de inteligencia en las palabras de nuestro presidente al abordar un tema tan delicado de una forma tan irresponsable.

Mis bisabuelos y uno de mis abuelos eran españoles, todas mis bisabuelas eran mexicanas; una mestiza, otra indígena mixteca y de la otra tengo dudas, ya que su familia era originaria de una localidad llamada el Coralillo, la cual es una población con alta presencia de afromexicanos en el estado de Veracruz.

La familia de mi papá es mestiza y la de mi mamá lo que se puede definir como criolla. Mi papá era moreno y mi mamá es rubia de ojos azules. Mis hermanos y yo somos café con leche, pero con más café que leche. Mis hijas, una es morena y la otra blanca, mi sobrino es mitad judío y es rubio de ojos azules.

Somos una familia en la que estamos orgullosos de nuestro origen, tanto indígena como español y el aun no documentado posible origen negro. Celebramos todas nuestras raíces y nos hace felices la increíble diversidad de la que somos resultado.

Cada uno de nosotros somos iguales y nunca nos atreveríamos a juzgar por el tono de piel, color de ojos o cabello nuestra mexicanidad. Jamás nos hemos avergonzado de nuestra raíz indígena y todos y cada uno de nosotros amamos a México con la misma intensidad.

Entendemos y en muchos casos hemos sido objeto de ese racismo casi cortes y educadamente disimulado de muchos mexicanos. Sabemos que el sentimiento de inferioridad es un acto personal, que lo mejor de las personas no está en la menor o mayor pigmentación de su piel o en su origen étnico y estamos convencidos que los racistas son unos perfectos idiotas.

Alguien debería impedir a López Obrador seguir dividiendo a los mexicanos. Llegará el día que el odio y el resentimiento cultivado por él con tanto cuidado y esmero sea irreversible y abriremos una puerta que vamos a tardar muchos años en cerrar, la del odio entre mexicanos por su aspecto, color y origen y lo peor del caso, la división de los buenos que están con López Obrador y los fifís conservadores y ahora racistas que lo quieren perjudicar.

Hay que tener mucho cuidado de los predicadores del resentimiento. Los problemas que tenemos como sociedad hay que abordarlos, pero definitivamente no es con la división como los vamos a resolver. No se trata de señalar lo que nos hace diferentes. Por el contrario, es lo que nos hace iguales lo que debemos reforzar. Dejar a un lado los discursos que nos dividen y empezar a trabajar en una sociedad donde todos estemos incluidos.

Estoy convencido que como mexicanos tenemos un problema de desigualdad y marginación histórica, pero no debemos permitir que estos se traspasen de forma demagógica a motivar resentimientos y revanchas absurdas. Insisto, concentrémonos en lo que nos une, en solucionar nuestros evidentes problemas con inteligencia y responsabilidad y construir con paciencia el México donde todos podamos habitar en igualdad de derechos y responsabilidades.

Dejemos a un lado los discursos incendiarios y las divisiones absurdas. Todos somos mexicanos. López Obrador debería considerar aunque sea por un día, que es presidente de todos los que habitamos este país y que su objetivo debería ser fomentar la unión de todos los mexicanos, sean del color que sean, tengan las ideas que tengan y crean en lo que crean. Debe entender que un Presidente de México no puede darse el lujo de tener adversarios y enemigos. Es el presidente de todos los mexicanos.

Hay que tener presente que construir una sociedad incluyente nos va a llevar muchos años, el camino es muy difícil y con infinidad de resistencias de todo tipo. Hablar de odio y de fifís racistas nos va a tomar tan solo unos cuantos años llegar al punto de no retorno.

Si seguimos con este discurso, en unos años tendremos la Secretaría de la Sangre del Pueblo Bueno.

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