Eso querían. Esto tenemos

Tenemos
Andrés Manuel López Obrador FOTO: WEB
- en Opinión

Jorge Flores Martínez / No es correcto culpar a los votantes del desempeño de los gobernantes a los que votaron, al fin de cuentas, el votante emite su voto con la intención de mejorar las circunstancias del país, creyendo, esperanzado o moderadamente escéptico que el candidato, ya como gobernante, intentará cumplir sus promesas de campaña.

Por eso los políticos prometen generalidades y por lo regular se enfocan en objetivos positivos y no en negativos, es decir, voten por mi y les prometo más y mejores empleos o la economía crecerá mucho más si votan por mi partido. Nunca verán a un político prometiendo más y mejores abortos o si votan por mi formularé una iniciativa para legalizar todas las drogas y ofrecer indulto a todos los delincuentes.

Es así que el votante, con base a los antecedentes del partido que postula al candidato, a la fama personal del mismo candidato y de los personajes que lo acompañan, que este emite su voto. Lo más seguro es que su decisión sea con base a estar de acuerdo en dos o tres propuestas de campaña, no más. Pero estoy cierto que nadie votaría por un candidato que promete algo que afecte sus intereses, valores o principios.

Si un candidato promete que los Derechos de las minorías y de las mujeres se someterán a referéndum o que el mismo candidato se hace acompañar de lideres religiosos con agenda ultraconservadora que lástima nuestros principios o valores personales, es absurdo que se vote por él.

Si como ciudadanos estamos ofendidos por la descarada corrupción de muchos de nuestros políticos, nunca votaríamos por el que reduce todo a barrer la escalera arriba para abajo, creo que nos gustaría escuchar propuestas un poco menos simples y esforzar a nuestro candidato a desarrollar ideas más complejas y elaboradas.

Como mexicanos estoy seguro que todos queremos que nuestros niños y niñas tengan acceso a la mejor educación posible, supongo que nunca votaríamos por el candidato que se acerca a lo peor del magisterio y realice alianzas inconfesables que condenan a las nuevas generaciones a una educación mediocre y panfletaria.

Yo en lo personal, como arquitecto, me interesó mucho lo que decían los candidatos en lo que se refería a la construcción. No debemos olvidar que somos millones de mexicanos los que dependemos de esta industria y que a mi ya me tocó vivir la crisis del 95 y tengo claro que la recuperación de este sector después de una caída toma muchos años. Mi voto no fue para el que prometió destruir y cancelar, hubiera sido una insensatez de mi parte.

Lo mismo sucede con los ambientalistas, creo que debieron estar muy pendientes del candidato que propusiera políticas de impulso a energías limpias, cuidado de los recursos naturales y seguramente, un ambientalista sensato, hubiera rechazado al candidato que prometiera construir refinerías y regresar al carbón.

Si por desgracia nos toca vivir en una región violenta de nuestro país, lo más inteligente sería estar preocupados de las propuestas para combatir a la delincuencia organizada y rechazaríamos a cualquier candidato que le ofrezca indulto a los delincuentes o hablar con sus mamás para convencerlos de no ser malos.

Aquellos que sean empresarios debieron estar preocupados del candidato que tuviera propuestas para hacer crecer la economía y las facilidades para producir en nuestro país. Estoy seguro que nunca votarían por un candidato que desarrolle su estrategia económica en decir que todo saldrá del combate a la corrupción, de ahí vamos a crecer como nunca antes.

No tengo la menor duda que lo que motivó el voto de millones de mexicanos fue el enojo, la intención de sacudir a la clase política, el hartazgo a los partidos políticos, la mafia del poder, el avión que no tenía ni Obama, los gasolinazos, la insoportable violencia, los escándalos de corrupción y cualquier otro que gusten y manden, pero haber votado por López Obrador aun en contra de sus intereses, valores o principios fue una insensatez.

Pero no se preocupen, en unos años podremos utilizar el mejor recurso que tenemos como ciudadanos, poder decirle a nuestros gobernantes: ¡fuchi fuchi, guácala!

De momento, aunque me de pena

Eso querían. Esto tenemos.

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