Legado académico de un gran maestro del Derecho

Derecho
Raúl Carrancá y Rivas
- en Opinión

Francisco Berlín Valenzuela / 

“Abogado sin moral es como una campana sin badajo”

El pasado día 13 de mayo, se llevó a cabo la comida anual de los maestros de la Facultad de Derecho de la UNAM con la presencia de alrededor de 1300 docentes. El evento se engalanó con el reconocimiento previo -en el aula “Ius Semper Loquitur”-, a quienes han dedicado entre diez y sesenta años de su vida a la enseñanza del Derecho. El destacado maestro Alfredo Sánchez Alvarado encabezó tal distinción por haber ejercido el magisterio del Derecho por seis décadas continuas.

El orador principal del banquete fue el distinguido Doctor Raúl Carrancá y Rivas, recientemente propuesto como “Maestro Emérito” de nuestra máxima casa de estudios. Por la elegancia, profundidad conceptual, sustentación filosófica y propósito central de la pieza oratoria expuesta, considero oportuno y conveniente reseñar su intervención. No tengo la menor duda de que su mensaje forma parte -ya-, de las piezas que conforman el patrimonio grandilocuente contemporáneo de los universitarios mexicanos.

El honorable maestro puso sobre la palestra como tema central de su intervención la importancia del estudio y de la práctica de la ética como la base que debe de distinguir al ejercicio de la abogacía. La concibe como la guía, el eje, la luz del verdadero abogado. Por algo, en su disertación, vinculó a ésta esencia con la definición romana del abogado a quien describían como vir bonus dicendi peritus: hombre bueno, perito en el decir.

En un ejercicio de reflexión -y de honestidad-, el maestro de tantas generaciones señaló que formar a los estudiantes con esa orientación es un compromiso y un gran reto de la universidad y, constituye -además- una responsabilidad social insoslayable. Alertó sobre los beneficios materiales que provienen de la mentira, la inmoralidad, la deshonestidad y el engaño. Afirmó: la abogacía, tiene de suyo un alma reluciente, un espíritu riquísimo que se remonta a la edad dorada de la humanidad. Por algo Hans Kelsen concibió que: “Yahvé es Dios de Justicia”, trayendo a colación el aserto que expresa: “La Justicia y el Derecho son los fundamentos de su trono”.

Por eso, también rememoró el pensamiento de Ortega y Gasset contenido en su libro: “Misión de la Universidad” en el que afirma que entre generaciones no hay ruptura, pues existe entre ellas continuidad. Enfatizando que las ideas no envejecen, que quizá pierden actualidad pero su uso y frescura dependen de las necesidades sociales del momento. En ese sentido, nos previene que no debe de haber divorcio entre las ideas y el mundo circundante.

Rememoró al Filósofo Antonio Caso para subrayar un principio ontológico que debe de regir a las casas del saber universitario: los maestros y sus alumnos deben de discutir y analizar los problemas que ocupan –y preocupan-, a la atención pública. Congruente con el corpus de ideas vertidas llamó la atención sobre el hecho de que vivimos agobiados por problemas de múltiple naturaleza entre los que sobresalen la violencia y el crimen que se llama organizado.

Es en éste punto en donde su rica argumentación se magnifica con sus dotes de maestro para insistir en la que constituye su principal preocupación: comprometer a los jóvenes con su profesión y su ejercicio en el contexto jurídico del México que vivimos, porque es evidente la seria crisis en la procuración e impartición de justicia.

Con tristeza y tribulación aludió a los graves azotes que sufre el país: la corrupción, la depravación y el soborno con dádivas que se han convertido en una costumbre generalizada en el acceso a la justicia. El maestro mostró confianza y esperanza en las posibilidades que entraña una adecuada formación en valores universales, seguro de que enseñarlos a nuestros alumnos conducirá a una profunda satisfacción existencial y profesional que no tiene precio ni parangón.

Por eso fue categórico al afirmar: no basta con enseñar leyes, doctrina, jurisprudencia. El Derecho es mucho más que eso. Para la parte final de su alocución, el jurista recuperó el pensamiento de Don Justo Sierra, quien previo al estallido revolucionario, delineó el espíritu futuro de la universidad nacional. El Dr. Raúl Carrancá y Rivas reiteró la frase del ilustre campechano dirigida a los futuros universitarios de México: “sois un grupo de perpetua selección dentro de la substancia popular y tenéis encomendada la realización de un ideal político y social que se resume así: democracia y libertad”.

Las ideas, citas, planteamientos y reflexiones del Maestro Emérito, construidas a partir del pensamiento clásico y robustecidas por su vasta experiencia fueron dirigidas a un público de importantes docentes, identificados por su pasión de juristas, encargados de la formación de los futuros abogados de México, pero por su profundo contenido deberían de tener resonancia nacional y universal, no solo para profesores y estudiantes de cualquier disciplina sino para todos los servidores públicos que con su leal y ético desempeño dan forma a nuestra vida cotidiana, tan ayuna y necesitada de un replanteamiento y transformación moral.

Con la modestia que caracteriza los seres humanos de gran valía despidió sus palabras diciéndonos que al recibir el honor de su propuesta como Maestro Emérito blandiría con mas fuerza que nunca “la lanza de Don Quijote pero sin quitarme el polvo de los zapatos de Sancho”.

¡Loor y salud al gran maestro, caballero de la luz que siempre habla con la justicia!.

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