La condena perruna

Mochiváis
Mochiváis
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Salvador Muñoz / Antes de desmayarse, la única preocupación que tenía la Mujer era que alguien llevara a Harry al veterinario: “¡tenía sus ojos llenos de sangre!”, me decía. Mientras, una vecina sujetaba al Mochiváis con la correa de mi perro y lo amarraba a un poste mientras Brenda era subida a una camioneta rumbo al CEM. En una pelea de perros, no sé si temiendo por Harry o por el Mochiváis, a la Mujer se le hizo fácil intervenir sujetando al más grande por atrás mientras trataba de separar sus fauces. Cuando la gente se arremolinó, ya tenían a su víctima, ya habían hecho un juicio, ya tenían un culpable.

II

Llego al Centro de Especialidades Médicas y me recibe mi vecina Ingrid. Le pregunto por las condiciones de Brenda. Me explica a grosso modo y ya con una idea más clara, paso a Urgencias. La veo tendida en una camilla. Quisiera regañarla, pero no sé qué hombre sería capaz de llamar la atención de una guerrera, de mi vikinga, de mi amazona… su primera reacción al verme es preguntarme por Harry, que cómo estaba. Lo desconozco. Rebeca, otra vecina, no se llevó su celular y estamos en ascuas. Me pregunta por Mochiváis porque me dice que supo que lo dejaron amarrado. Su mano ya fue atendida. Me cuenta todo. Sí, de verdad quisiera regañarla, pero no puedo.

III

No puede escribir, pero sí platicamos. Platicamos de la facilidad con la que nosotros, la gente, la comunidad, hacemos juicios tan sencillos pero igual de severos, implacables, contundentes, que no dejamos lugar, espacio a un razonamiento. Las apariencias son nuestras pruebas y lo que otros dicen, más pruebas. Ahora, nos reímos. Aparece en nuestra cara una ligera sonrisa. Más cuando comparamos al Negro, al Mocho, a Mochiváis con cualquier candidato de nuestro desagrado. Es un perro de gran tamaño y de gran fuerza, que al verlo confrontado con nuestro Harry, un perro que apenas si alcanza de estatura mi espinilla, todo mundo aboga por mi Scotish Terrier.

Ah, por si fuera poco, Mochiváis no es de “raza” (término mamón), no tiene pedigrí, es de la calle. En cuanto supieron que Brenda tuvo varias mordidas en la mano, en los dedos, a la altura de la muñeca, resurgieron comentarios pendejos de algunos que decían: “a mí se me ha echado encima”, “es agresivo”, “hay que sacrificarlo”…

Sí, nos medio reímos… cuántos de los candidatos a diputados en estos momentos no son juzgados a la ligera así, por su apariencia o por oportunidad de algunos por desahogar sus frustraciones.

IV

Ingrid, mi vecina, me manda un mensaje. Me dice que va a la casa por dinero. ¡Cierto! Yo me salí de la oficina y pedí 100 pesos prestados para tomar taxi. No traigo ni identificación. Sólo le pido un favor: “Suelta a Mochiváis porque la gente es estúpida y vayan a querer dañarlo”.

Brenda temía por Harry porque me dice que cuando sujetó a Mochiváis por detrás, vio la cara de Harry que se empapaba de sangre, que le escurría la sangre por los ojos y temía que Mochiváis le hubiera mordido.

Para ese momento, Rebeca ya estaba en casa. Regresó del veterinario. ¡Buenas noticias! Harry tiene laceraciones pero ni una mordida. El doctor asegura que el Mocho sólo se defendió y nunca pretendió morder a mi perro. Mientras, en el CEM, una radiografía nos muestra el tamaño de uno de los colmillos que se enterró en la mano de la Mujer… las sospechas se confirman: Ambos, Brenda y yo, coincidimos… quien la mordió no fue Mochiváis, fue el mismo Harry, quien en su instinto de Alfa, territorialidad, proteccionismo, pierde la cabeza y es difícil contener su ataque, aunque su apariencia sea la de un “perro lindo”. La sangre que Brenda vio en la cara de Harry, fue de ella, que al momento de ser mordida, la chorreó.

Cuando fue Brenda al Seguro Social a checar lo de su incapacidad, le dicen que ese día hubo tres personas atendidas en su clínica por mordidas de perro… ¿los cuetes? ¿coincidencias?

V

Más tarde reviso a Mochiváis, tiene una herida en el hocico (donde Harry gusta atacar), una herida en la pata, pero ninguna de gravedad; mas sí mantiene en su mirada la nobleza del amigo. Brenda lo va a saludar y pone gachas las orejas, como avergonzado de lo ocurrido y muestra la cerviz. No existe ni un ápice de resentimiento en Brenda. Es más, hasta lo abraza. Entiende que no fue responsable él, tampoco Harry… las condiciones simplemente se dieron: cuetes, muchos cuetes que gente pendeja estuvo aventando el sábado y tensó a los animales; tener juntos a cinco perros tensos… sólo se requería de un empujón para que algo reventara… sí, el chorreo de sangre fue escandaloso y más cuando la mujer se desmayó… pero más nos escandaliza la facilidad con la que la gente condenó tan pronto a un perro, por su apariencia, por su tamaño, por su fuerza, sólo porque no es de su simpatía, porque hay personas que arrastran frustraciones, y entonces, para ellos, es más fácil pedir su sacrificio antes que preguntar a Brenda qué fue lo que había pasado. Casi igual como ocurre en los medios, en las redes, con algunos candidatos…

PD Por algunos días, o semanas (esperemos que no) la columna de Números Rojos se toma unos días de incapacidad… por andar metiendo la mano donde no debe la Mujer.

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