Taxistas y Mujeres

- en Opinión

Cecilia Muñoz / Ya desde diciembre hacían su agosto. Se trata de los taxistas de Xalapa y de la gente de a pie que de vez en cuando necesita utilizar sus servicios y se encuentra con que la carrera que la semana pasada le costó 30 pesos, ahora está en 35 o hasta en 40.

Como usuaria frecuente de taxi, cada vez que se habla del aumento de las tarifas de este servicio, presto atención, por si a lo mejor ahora sí se oficializan, lo que permitiría que llegado diciembre no pareciera que quieren sacar el aguinaldo a costa del cobrado por el pasajero, como han reportado varios periódicos locales.

También de acuerdo con recientes notas periodísticas, organizaciones de taxistas piden que se oficialicen las tarifas que han estado cobrando los últimos años: 20, 25, 30 y 35 pesos, desde el primer hasta el cuarto perímetro respectivamente. Personalmente, son los precios que suelo aceptar y los cuales espero que no aumenten, o próximamente empezaré a preferir tomar camiones o, ya de plano, caminar.

Sin embargo, hasta la fecha, no he visto una sola señal que indique que Tránsito esté tomando en cuenta la petición de los taxistas, por lo que imagino que seguiré negociando un rato más con éstos cada vez que requiera sus servicios. Por lo pronto, ya que el tema está sobre la mesa, dejaré por aquí un par de recomendaciones ―o desahogos― sobre el servicio a las usuarias de este medio de transporte para nuestros amigos taxistas, jefes de sindicatos, Tránsito y quien se sienta interesado o aludido:

  1. Por favor, camarada taxista, no pregunte si la pasajera estudia o trabaja. O al menos no pregunte dónde trabaja, a qué hora entra, a qué hora sale y detalles por el estilo. Verá, a menudo las mujeres tomamos taxi por “seguridad” y esas preguntas no ayudan a sentirnos más seguras, sino vigiladas.
  2. Tampoco es necesario que le exprese cuán guapa la encuentra o cuán profundos o misteriosos son sus ojos ni qué elegante es su postura… Mucho menos viéndola, por favor: ojos al frente, ¡está conduciendo! Ya sé, dirá que si a una le molesta, bien puede decirlo, que usted lo dice con buena intención, ¿pero en verdad le parece que expresarle una opinión sobre su físico en un espacio cerrado que usted controla a su antojo es apropiado? Una va pensando que si no le da las gracias por el “piropo”, usted va a aprovechar esa ventaja para hacerle pasar un mal rato por desagradecida, creída o el adjetivo que le endilgue.
  3. Tampoco pregunte el nombre o la edad, ¿para qué le interesa saberlo? Si nos vemos más jóvenes que usted, es que somos más jóvenes que usted. Y sí, estamos pensando que el conductor que nos lleva mínimo 10 años más quiere saber mucho de nosotras y calculando por dónde sería más seguro aventarnos del carro.
  4. Pero aquí viene la mejor y, frecuentemente, última pregunta: “¿Tiene novio?”. Pues no, resulta que una está felizmente casada y tiene dos hermosos hijos, y ya no hacen más preguntas. Pareciera que en vez de habernos “casado”, nos “cazaron”. Le recuerdo que las mujeres usamos el servicio de taxi para ir de un destino a otro, no para ligar, y menos pagando.
  5. En el caso de avizorar una transeúnte de glorioso aspecto, procure mantener su vista al frente: ¡está conduciendo! Hasta ahora nunca me ha tocado ser pasajera de algún taxista que sacara la cabeza para acosar a alguna mujer (aunque sí ser la acosada de un taxista…), pero sí del que empieza a hablar en clave por radio de lo increíblemente “cuatro tres” que está la “dos cinco” de la calle. Por favor y por decencia, no lo haga.
  6. Si su pasajera le pide que la lleve por un camino específico y no por otro, hágalo, por mucho que usted prefiera el atajo. Especialmente si su atajo es un sitio solitario, lleno de maleza y escaso de alumbrado público. Le repito: solemos tomar taxi por seguridad y en vez de sentirnos a salvo, vamos rezando.
  7. No vaya todo el servicio recordando madres. Claro, una entiende que si otro conductor se le mete en sentido contrario, alguna expresión puede salir. Pero si va todo el camino a los gritos, casi vamos esperando que nos empiece a gritar a nosotras. Tampoco sea temerario. ¿Sabía que conducir de manera violenta es una forma de maltrato entre las parejas? No es necesario que imite eso.

Por el momento, estas son mis recomendaciones, mas no dude en que quizás las demás usuarias frecuentes puedan sugerir otras. Simplemente recuerde: buscamos seguridad en el servicio, tanto física como mental.

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