El infantilismo de la política

- en Opinión

Édgar Hernández* / En toda lucha política y hay ganadores y perdedores.

Veracruz históricamente se ha caracterizado por tener una clase política efervescente y participativa, de morir en la raya.

Su devenir muestra como aspirantes ya nominados han sido desechados y como actores políticos de media cuchara ungidos al máximo cargo de elección popular.

Ese es el Veracruz que en lo general ha dado políticos de primer nivel que han llegado a los primeros planos de la política nacional, presidencia de la república incluida. Del México independiente para acá cuatro veracruzanos han sido presidentes.

Hoy como cada ciclo sexenal  de nuevo la puja por la gubernatura lleva al análisis, a la reflexión, a la selección del “mejor” a los ojos del partido mayoritario para ocupar un no muy relevante pero al fin honroso cargo, una mini gubernatura de dos años.

En el PRI se mueven bandos, sectas, clanes y fuerzas de poder nacional.

Por ello indispensable regresar al presente una primera apuesta, la de Fidel Herrera y en otro sentido la de Javier Duarte.

Fidel en ese loco afán de perpetuar su poder e influencia diseñó un proyecto de gobierno de 18 años en donde eventualmente jugaran sus alfiles para construir no solo una circunstancia de impunidad, sino para colocar en el 2018 a su hijo Javier, no Duarte, sino Herrera Borunda.

De ahí que desde el arranque del sexenio que está por terminar, buscó a través de Erick Lagos Hernández el continuismo que hacia el 10 de diciembre del 2014 solo pudo cristalizar en una gubernatura de transición de dos años so pretexto de homologar los periodos electorales y así continuar su juego de poder.

Las cosas se complicaron tras los fracasos electorales aunada la rebeldía interna del Duartismo, el exilio de Fidel a Barcelona y el no crecimiento de Erick que para estas fechas es solo testigo mudo.

No así para Javier Duarte, quien desde el primero de diciembre del 2010 inició la construcción de la decisión más importante de su sexenio que recayó en su antiguo jefe inmediato y amigo-amigo, Alberto Silva Ramos.

Así, el motejado “Cisne” fue cuidado, patrocinado y muestreado como el paradigma de la continuidad. Allá para abril, el 22 del 2010, una entrevista realizada por quien esto escribe a Silva titulada “Silva, el Proyecto de Javier” provocó el primer gran encono del priismo… y de cierta prensa.

Pero bueno, así era el juego para aquel entonces en donde para efectos de ternas, vestimenta de candidatura y sueños de opio quedaron al final del camino políticos que más que aspirar, solo suspiraron como fue el caso de Adolfo Mota, quien siempre supo que no sería.

Otro más metido al caldero fue Jorge Carvallo, al igual que quienes en la impronta fueron insertados de última hora como fueron los casos de Flavino Ríos y Tomás Ruíz.

A todos los medios pagados y no se le dio espacio mediático mientras que en la otra vertiente de poder y hablamos de lo mismo, del PRI, el juego sucesorio giró en torno a Pepe Yunes y Héctor Yunes Landa.

Pepe, sacrificado por la Fidelidad, colocado como el “Plan B” cuando Javier Duarte era el puntero que finalmente se la llevó, creyó en el canto de las sirenas del “ahora sí” para el 2016 serás el bueno trabajando, como paso previo, desde el Senado de la República.

El sueño, sin embargo, empezó a desdibujarse en el momento que el aparato de poder se saca de la manga una mini gubernatura de dos años.

Héctor Yunes Landa, el hijo desobediente veracruzano, hace mucho lucha. La Fidelidad, a instancias de Manlio Fabio Beltrones ante  Miguel Alemán, le abre las puertas del gobierno para que crezca y alcance sus objetivos pero no tanto como para que se le entregue la estafeta.

Es rehén de las “fideliñas”, pero él es de los que saben esperar y volver a esperar.

Así, para el 2015 ante la falta de talento para el juego sucesorio se entorpece la transición. Sobreviene la ruptura. Los sí y los no se convierten en un sortilegio y a días del “Destape” cuando ya se agotaron las instancias mediáticas de golpeteo y consignas, cuando de última hora se encartan y descartan los aspirantes –que son los dos Yunes- y cuando “Los Pinos” ya tomó la decisión, el pánico hizo presa a la estructura de poder.

Las señales son confusas. Vaya hasta la misma cargada no sabe para dónde hacerse.

Es inédito lo que se vive en estos días.

Las aguas, sin embargo, recobrarán el cauce en los siguientes días. Nuevos equipos surcarán el horizonte. Cuestión de tiempo.

Pequeñeces:

Escribe Carlos Darío Arcos Omaña un texto donde me cita mismo que me permito resumir:

“Ventaja tecnológica de las redes, que agradezco a Dios, el poder descubrir en el periodista Raymundo Jiménez, las falsedades que una pluma bien pagada, que ya no puede publicar cínicamente, para desinformar, desorientar, engañar con verdades a medias y, de paso, justificar el embute quincenal”.

“Primera falacia: Escribe el columnista que Héctor Yunes estuvo con cara de sepelio en la comida de casa Veracruz, porque su compañero de escaño Pepe Yunes “lo dejó solo” pretextando viaje familiar. No señor “periodista”, le explico la ausencia de Yunes Zorrilla: sabedor de la decisión del centro en favor de Héctor (hasta hoy firme) y disciplinado y caballeroso como es Pepe ha querido dejarle cámaras y micrófonos a su homólogo y tío político”.

“Segunda falacia: Las manifestaciones de diciembre pasado, no fueron por causa de que la oposición azuzará a los grupos de presión, las protestas fueron por el incumplimiento (recurrente) del gobierno Duartista al pago de prestaciones que la ley señala”.

“Tercera falacia: Otro desatino: si Pepe no ha podido, hasta este momento consensar a su favor ser candidato para la de dos años ¿a quien se le ocurre que pueda acelerar o proponer a Tomás o Américo?”.

“Cuarta falacia: En la manifestación del 24 de diciembre frente a Palacio, convergieron grupos de pensionados, maestros en activo y muchas personas del pueblo, sin siglas ni bandera, solamente unidos por la indignación en contra de la gorilesca respuesta del día anterior. En este entorno, la presencia del senador Yunes Landa, provocó reacciones diversas y, te aclaro, en ese propicio caldo de cultivo, arribaron infiltrados quienes le insultaron y gritaron que se fuera, no fueron ni maestros, ni pensionados, si no, agitadores de MORENA, uno de ellos de nombre Alejandro Tejeda, no dudes que enviados por Flavino Ríos para denostar al senador. No me lo contaron, lo viví al lado de Héctor”.

Quinta falacia: lo que usted llama “costoso desliz”, que le atribuye a “un oportunista y oficioso asesor de Pepe Yunes que se quiere trepar al carro de Héctor”, vale la precisión:

“A) Héctor Yunes Landa asistió a la manifestación de pensionados por su voluntad, solidaridad y decisión, no es un chamaco a quien se pueda embarcar para asistir obligado”.

“B) El oportunista asesor a quien alude sin atreverse a nombrarlo, por si no lo sabe, se lo recuerdo, se llama Edgar Hernández, es el periodista más influyente de Veracruz, es Premio Nacional de Periodismo, y hasta donde el periodista ha hecho público, no está buscando chamba, es leal 100% a Pepe Yunes, y es y seguirá siendo la voz crítica contra los saqueadores de Veracruz. Lamento que, de los 7 pecados capitales la envidia sea el más feo”.

“Sexta falacia: Por si hubiera duda de quién le paga a usted, el espectacular cierre de su libelo no tiene pierde, si no juzgue usted lector:

”Alberto Silva es fuerte aspirante a la candidatura de dos años pues en tiempo récord se ha posicionado; los seguidores de Silva esperan que en el acto agrario el Presidente pueda dar señal de que él es el elegido”.

Hasta aquí el texto de Carlos Darío Arcos Omaña.

Tiempo al tiempo.

 

*Premio Nacional de Periodismo

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