Todos somos pensionados

- en Opinión

Sabino Cruz V. / Las masivas protestas de jubilados/pensionados del Instituto de Pensiones del Estado (IPE) en las que las autoridades no han sabido estar a la altura de las circunstancias; en las que resalta la ausencia de oficio político y/o la capacidad de gestión; en la que la fuerza pública se impone a la incapacidad de solución a un problema que el mismo Estado provocó, una vez más ponen al gobierno de Veracruz en el escenario internacional por las malas prácticas administrativas.

Voces de distintos retratos sociales, se levantan a coro en repudio a la medida tan incivilizada que el gobierno del Estado de Veracruz, a través del propio gobernador, el secretario de gobierno, don Flavino Ríos Alvarado, el director general de la Fuerza Civil, teniente de infantería Roberto González Meza (Chilpancingo, Guerrero- 1976), así como de don Armando Adriano Fabre, director general del IPE, de “replegar” a los jubilados/pensionados que exigían el pago de la mensualidad correspondiente y del aguinaldo.

Gritos, empujones, improperios y recuerdos maternos que llegaron hasta la Comisión Nacional de las Derechos Humanos (CNDH), como para emitir acurdo de atracción del caso, pues considera han sido violados los derechos de los agraviados a manifestarse, los de reunión y la protesta social no violenta (Comunicado de Prensa CGCP/385/15).

Mire usted, no sé si este de acuerdo conmigo, pero esta acción más que de intolerancia, como la califica el vocero de la Arquidiócesis de Xalapa, la percibo como de incapacidad para enfrentar de manera viril los problemas que por sí mismos fueron creados; deshonesto en cuanto al manejo información; insensible ante el justo reclamo de personas mayores de setenta años, mucho de ello en situación precaria de salud.

Si al inicio de esta administración muchos políticos de carrera vieron con temor la unción de don Javier Duarte de Ocho para sustituir a Fidel Herrera Beltrán, pues lo consideraban un imberbe funcionario público, venido a diputado federal, sin experiencia en la administración de los recursos financieros y humanos, eventos como los del pasado jueves 23 del mes y año que corre, les da la razón: nunca podrá gobernar un gran Estado, advenedizos de la política.

Don Javier, además de responsable por la represión sistemática que llevan a cabo sus subalternos, es culpable por dar responsabilidades a gente, que como él, carecía de la más mínima experiencia en trabajo de despacho: Harry Grappa Guzmán, Erik Porres Blesa, Arturo Bermudez Zurita, Antonio Gómez Pelegrín, Alberto Silva Ramos, Erick Lagos Hernández. Hombres incapaces de estar por encima de las circunstancias que diariamente se presentan en Veracruz;  que mienten con facilidad al decir que en Veracruz todo está bien, que no hay delincuencia organizada, que millones de turistas recorren nuestras playas y ocupan nuestros hoteles.

A estas alturas del sexenio, no tiene caso conjeturar si don Javier Duarte de Ocho debió aceptar la gubernatura, que sí su vanidad pesó más que su obesa humanidad o que sí no tenía otro alternativa; lo único verdadero de esta lamentable historia es que quedará como la más desastrosa de la administración pública no solo de Veracruz, sino de otras Entidades.

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