Caminos y laberintos de Américo

- en Opinión

Salvador Muñoz / Del compromiso, al recuerdo. Del intrincado camino a Jardines de Santa Rosa, al pequeño pero sustancioso laberinto de libros en la Universidad Pedagógica Veracruzana. Del reclamo, a la solución y propuestas. Del libro bajo el brazo a la tablet bajo el brazo. Américo Zúñiga Martínez es el alcalde de la colonia pero también el edil de la educación. Así, se da tiempo tanto para atender al vecino como al maestro pero bajo una sola consigna que igual se puede extender a sus propios colaboradores: “No claudiquen… trabajemos unidos… nos quedan dos años”.

Los mensajes

Sería por abril de este año que la calle Santa Rosa sufrió el embate de la naturaleza cuando apenas recién el ayuntamiento la había asfaltado. La calle se abrió y dicen los vecinos que hasta carros fueron tragados. Las fuertes lluvias, convertidas en un río  devastaron un tramo amplio, alarmante, que inició desde la calle Azucena hasta Santa Teodora.

Hoy, la obra del Colector Pluvial Santa Rosa avanza… pero dicen los vecinos que va muy lento, y se lo hicieron saber al alcalde Américo Zúñiga, vía videos, mensajes, correos. Cuando llega el edil, un enjambre de reporteros lo rodean con videocámaras, grabadoras, celulares y algunos colonos no disimulan su malestar: “deberían de entrevistarlo en el Ayuntamiento… allá lo tienen”.

No claudiquen”

Tras atender a la prensa, Américo inicia una plática con los titulares de los Patronatos allí reunidos: “Vine a pedirle a las autoridades (refiriéndose a los de CMAS) que aceleren los trabajos… no está lloviendo y hay que aprovechar”, pero precisa que la obra de este colector se hace con recursos propios en respuesta al problema que vivieron los colonos con “el río Santa Rosa de respuesta rápida” (como una vecina lo bautizó).

Mostrando los videos que le envían así como los mensajes de “Oye, creo que van un poco atrasadones”, se compromete a principios de enero, tener medio colector pluvial hecho para que a finales de ese mismo mes, esté concluido.

La preocupación del alcalde es que haya tranquilidad en la vecindad, que la gente tenga la tranquilidad de estar en sus casas, y algunos, ¡hasta de regresar a sus casas! porque después del aguacero de abril, tuvieron que desplazarse a otros lados por temor a que colapsara su domicilio.

Una petición surge entre los vecinos: ¿Pavimentación a la par con esta obra?

La propuesta del alcalde es integrarla al siguiente paquete de obras y pide la comprensión de los vecinos: “Hay más de mil peticiones para pavimentar calles… hay algunas que llevan más de doce años gestionando”.

La respuesta de los vecinos sorprende: “Queremos participar en la pavimentación”, a lo que Américo responde: Donde hay participación de los vecinos, ¡privilegiamos!

Aprovechan los santarrosenses para que se considere un Circuito Vial en su zona, por lo que el alcalde gira instrucciones a Ramón Hernández Salas para que lo considere.

Américo Zúñiga deja un mensaje a los vecinos de la calle Santa Rosa: “Todavía nos quedan dos años… no claudiquen”.

Y del intrincado acceso a Santa Rosa, a la transitada Ruiz Cortines

Sala de Lectura, en honor al Maestro

Un nervioso rector Francisco Alfonso Avilés espera al alcalde Américo en la Universidad Pedagógica Veracruzana. Da vueltas, checa que todo esté en orden. Sube y baja para salir a la calle. Observa la hora. Platica con una maestra. Dialoga con la regidora Nelly Reyes y con Nohemí Brito Gómez, hasta que alguien dice: “Allá viene caminando”. Alza el cuello y al mismo tiempo otros más se levantan. Efectivamente… viene saludando al comerciante que sale de su establecimiento o al transeúnte que lo reconoce.

No hay mucho preámbulo. Tanto el alcalde como el rector de la UPV se colocan a la entrada del edificio y en una ceremonia corta, corren el velo que ocultaba la placa en honor al Maestro Guillermo Zúñiga Martínez, nombre que ha de llevar la sala de Lectura de esta universidad.

¡Compremos toda la Biblioteca!

Una breve ceremonia así como unas palabras entornan la donación de 15 computadoras que han de servir al alumnado, maestro e investigadores de la UPV.

El rector Francisco Alfonso Avilés cita en un recuento de anécdotas y memoria, ese cordón de plata que une al Maestro Guillermo Zúñiga con la Universidad Pedagógica Veracruzana y en especial, con esa Sala de Lectura.

En 1982, tanto Alfonso Avilés como Zúñiga Martínez visitaban al maestro Jerónimo Reyes, quien jubilado, decidió vender su Biblioteca personal. La decisión del Maestro Guillermo fue inmediata: “Compremos toda la Biblioteca”.

De 1982 a la fecha, el acervo literario de la UPV se aproxima a más de 7 mil 200 ejemplares.

La tablet bajo el brazo

Cuenta Alfonso Avilés que el Maestro Zúñiga adoraba la lectura, tanto, que siempre que lo veía, traía un libro bajo el brazo. Mantenía ese ánimo e interés por leer.

Un día, lo vio con una “tablet” y le dijo: “Ya dejaste los libros”, a lo que respondió Zúñiga Martínez: “Somos unos analfabetas cibernéticos; hay que entrarle a la modernidad” y desde entonces empezó a ver al Maestro Guillermo con una tablet bajo el brazo.

El mejor regalo

Es la primera vez que escucho a Américo Zúñiga referirse a su padre tras su deceso. Quizás ya lo haya hecho en otra ocasión, pero para mí, era la primera vez.

Si bien el Maestro Guillermo Zúñiga ocupó varios cargos en la función pública, Américo resaltó que la verdadera labor de su padre a lo largo de su vida, fue hacer amigos.

Y así como hay un cordón de plata entre la UPV y Guillermo Zúñiga, igual lo hay entre la Universidad y Américo, pues a un año después del nacimiento del alcalde, en el 78, nació también la UPV.

Confiesa que fue un día antes que se enteró que la Sala de Lectura de la UPV habría de llevar el nombre de su padre, y dejó en claro que los hombres nunca mueren si se mantienen vivos en el recuerdo de sus seres queridos. Por eso, este 18 de diciembre, que es el cumpleaños de don Guillermo Zúñiga Martínez, sin duda, el homenaje que recibe por parte de la Universidad Pedagógica Veracruzana con este detalle, será un extraordinario regalo ahora que cumpliera 73 años.

Del intrincado camino de Santa Rosa al paseo por el laberinto literario de la Biblioteca de la UPV, no hay diferencia. El mismo ímpetu, las mismas ganas, el mismo hombre, recorre esas veredas como si fuera el primer día… y aún le faltan dos años.

 

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