¿Cómo definiría usted a Duarte?
¿Cómo se le puede llamar a una persona que, conociendo la magnitud de su crimen, salga a las plazas públicas a pregonar su inocencia? Ya tenía Duarte miles de millones de pesos robados, ya tenía ranchos y casas; edificios y terrenos; aviones y joyas, ya tenía enterrados a miles, tenía las manos cubiertas de la sangre y el dolor de los veracruzanos y todavía salía a decir que era inocente y pobre, honrado e íntegro. ¿Cómo se le puede llamar a una persona así? Cínico no puede abarcar todo lo que Duarte significa, tampoco desvergonzado, ni siquiera loco criminal. Yo podría apostar por imbécil.
Imbécil es una palabra que significa “sin báculo”, sin bastón de autoridad, sin algo en que apoyarse. Pero su acepción más aceptada es el de una persona con cierta debilidad mental, un inválido, incapaz de valerse por sí mismo. Eso es Javier Duarte, un muchacho obeso, lleno de complejos y traumas que nunca se sintió completo y valorado. Un engendro que requería de riquezas mal habidas para sentirse completo.
Ese príncipe imbécil está a punto de obtener su galardón: una celda de la que nunca debería salir.
Una notaría pública es una forma de pagar un favor de parte de un gobernador. Es por ello que muchos funcionarios públicos cuando terminan su trabajo como diputados, senadores o secretarios de alguna dependencia se quedan con una notaría pública que es como una especie de jubilación. Sin embargo, Fidel Herrera, el que todo lo prostituye, aumentó de manera considerable el número de notarías.
Eduardo Sánchez Macías no sólo fue un diputado que gozaba de fuero, fue también un traficante de influencias y a ratos un extorsionador. Los cientos de millones de pesos que cobraba en Comunicación Social por publicar boletines en sus periódicos no le bastaban y por ello obtenía además dinero del Congreso, así como de varios diputados que para no verse en las páginas de sus periódicos cedían a lo que el señor les pidiera. Pero no sólo eso, el portal Golpe Político informaba en febrero de 2016 que el diputado Sánchez Macías junto con su hermano Francisco extorsionaban a los empresarios.
Ir tras los medios de comunicación que lucraron con la mentira y la adulación no es un acto de venganza, es un acto de congruencia. Esos medios de comunicación contribuyeron a crear a ese “príncipe imbécil” que se sentía cobijado por los halagos, por las mentiras, por la complicidad de los dueños de esos medios que se sentaban con él en la mesa, el Día de la Libertad de Expresión. Las cantidades que se les pagaban era una forma de agradecer tanta mentira, tanto encubrimiento.
Durante 10, 20 o hasta 30 años, muchos mantenidos estuvieron cobrando sin trabajar en varias dependencias del Gobierno estatal. Tan pronto el funcionario tomaba protesta, sus familiares eran enquistados en la nómina. Se recordará que un director de Tránsito en la época de Dante Delgado, a sus féminas les otorgaba los mejores lugares con buenos sueldos y además les pagaba el departamento y las colmaba de alhajas.
Ha trascendido que se está negociando con los saqueadores. Hace unos días el portal amigo Gobernantes.com acusaba una reunión entre Enrique Pérez, actual titular de la Secretaría de Educación de Veracruz, con Édgar Spinoso Carrera, quien se volvió multimillonario con el saqueo que consiguiera en los sexenios de Fidel Herrera y Javier Duarte.
Durante mucho tiempo, Libertad Bajo Palabra ha estado denunciando las muchas irregularidades de los miembros del Equipo Político que ocupaban puestos en subdirecciones de educación básica en la Secretaría de Educación de Veracruz. Diversas quejas de los maestros llegaban a este portal casi todas las semanas.
Si bien muchos se quedaron esperando la noticia que habría de cimbrar al país, a otros basta que Miguel Ángel Yunes Linares, ya como gobernador, haya anunciado que habría de buscar que Fidel Herrera, el origen del mal, vaya a la cárcel. Es lo justo.