La Banalidad del Mal

Mal
La Banalidad del Mal en el régimen cubano FOTO: WEB
- en Opinión

Jorge Flores Martínez / Estos días he revisado los vídeos que han subido a redes sociales los cubanos que pretendían manifestarse el lunes 15 de noviembre por la falta de libertades en Cuba, en todos y cada uno de ellos, lo que vi me causo angustia y sentimiento de empatía.

Lo que reproducen estos vídeos es a los amigos, vecinos, compañeros o simples conciudadanos, insultar, agredir, violentar y presionar a los que pretendían manifestarse. Es inocultable que ese régimen dictatorial trasnochado logró lo que cualquier gobierno déspota sueña en lograr, dividir irreconciliablemente a la sociedad, al grado que ya no es necesario utilizar la fuerza pública para impedir cualquier manifestación, en todo caso, las fuerzas del orden solo vigilan que las disposiciones se cumplan y los encargados de contener y enfrentar a cualquiera que se manifieste sea otro ciudadano.

En México estamos logrando esta división en la sociedad, es innegable que desde el poder se polariza y provoca a los suyos a enfrentar al que piense diferente, la diversidad no es tolerable, se debe castigar socialmente, estigmatizarla como traición y evidenciarla públicamente, como cada mañana se hace desde Palacio Nacional.

El caso es aislar el pensamiento distinto, cualquier sospecha de diversidad es inaceptable y debe ser denunciada al superior, eso es la cuarta transformación, pensamiento único, lealtad a prueba de todo al líder. Ser chairo no es denigrante, es tan solo el primer grado o nivel alcanzado por el iniciado en esto que llaman morena.

Quiero aclarar que no estoy inclinado a utilizar el término “chairo”, en una discusión, cuando era posible hacerlo, un simpatizante que se sentía agredido por la utilización de este término por un tercero, por considerarlo ofensivo, solicitó que no se les dijera de esa manera, él mismo pidió que se utilizara el de “amlover”, por lo que desde ese día es el que utilizó para referirme a los simpatizantes de morena. Me resisto a decirles morenistas por la implicación racial que tiene, el uso político que le dieron al color de piel que tenemos la mayoría de los mexicanos y la alusión partidista a la Virgen de Guadalupe.

En otra ocasión, a los pocos días de la victoria electoral de Morena en 2018, otra amistad publicó en redes sociales que López Obrador estaba a la altura de Mandela, Luther King, Mitterand y Gandhi, yo le respondí que lo mejor era esperar resultados de gobierno, no es posible elevar a una persona al nivel de esos gigantes de la historia por solo ganar una elección. La respuesta fue de ignorar mi opinión, en su perfecto derecho estaba, hasta que otro, más aguerrido, decidió que mi opinión merecía ser destruida, procedió a ofenderme e insultar a mi padre ya muerto, eso no me inquietó, sus palabras no tienen cabida en mí, lo que me contrarió, como presagio de lo que puede ser en un futuro, fue el silencio de los demás.

Hace muchos años leí un libro que me impresionó, hablaba sobre la banalidad del mal y como algunos individuos actúan dentro del marco permitido del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos y las repercusiones que estos tienen. Es justo el punto en el que me detengo. No estoy diciendo que morena o sus líderes sean la representación de la maldad, lo que me interesa subrayar es la intención que se observa de dividir a la sociedad y confrontarla desde el poder, eso es lo que me preocupa. Estar en unos años confrontados por vecinos, amigos o compañeros por lo que pensamos.

Esa es la banalidad del mal, cuando el operador del tren que llevaba miles de judíos a morir en la cámara de gas no reparaba en sus acciones, simplemente obedecía órdenes. Al llegar a su casa, se encontraba con su esposa e hijos y la vida continuaba con normalidad.

Lo que pasa en Cuba es que una parte de la sociedad ya no repara en sus acciones, simplemente actúan violentando obedientemente a sus amigos, vecinos o compañeros esperando una recompensa del régimen, cualquier cosa, un pollo, un libra de arroz, o simplemente que el superior les dé una palmada en la espalda y les diga, muy bien camarada, la revolución cuenta contigo.

Eso es Cuba, espero que eso nunca sea México.

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