El maestro, ¿un ser privilegiado y feliz?

Monumento al maestro del Ayuntamiento de Palencia FOTO: RAFAEL CORDERO

Mi estimado colega, puedes dominar los 12 principios pedagógicos del Nuevo Modelo Educativo y utilizar con verdadera maestría los métodos y técnicas más innovadores. Puedes conocer todas las teorías pedagógicas, diferenciar los estilos de aprendizaje, aplicar estrategias eficaces, utilizar la tecnología más avanzada, sin embargo, si no reparas ni llegas asomarte en la rendija de los sentimientos más sensibles de tu alumno, todo lo demás sale sobrando.

Puedes planear muy bien tus clases, conocer a precisión tu plan anual e identificar plenamente tus objetivos generales y específicos. Puedes seguir al pie de la letra tu ruta de mejora, y seleccionar una evaluación precisa, pero si no muestras un interés personal por tus alumnos, éstos sólo serán datos duros y cifras de una estadística oficial.

Puedes tener mucho conocimiento, ser un maestro de vanguardia muy bien informado, podrías haber cruzado los pasillos de las mejores escuelas del país, haber hecho los mejores posgrados y haber obtenido las mejores notas. Sin embargo, sino prestas atención a ti mismo y a tu trabajo, si sólo lo ves como un medio para tener estabilidad económica y olvidas que el camino del magisterio es sagrado, permíteme decirte que es necesario recordar que el maestro debe ser un verdadero humanista, en la plena extensión de la palabra.

Nos podrán llamar facilitadores, modeladores, formadores, pero de todos esos títulos, a mí el que más me gusta es el de maestro, eso me hace feliz. Un ser que no sólo enseña con el gis, si no que proyecta sueños. Sueños que sus alumnos convierten en realidad.

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