Veracruz, entre el franquismo y el neoporfirismo

Saqueadores
Palacio de Gobierno FOTO: WEB
- en Opinión

Édgar Hernández* / Si algo le faltaba a Veracruz, cuna del liberalismo y sede de las más importantes luchas libertarias era impensable, una regresión.

Pocos imaginaron que cuando el gobernador Javier Duarte hiciera manifestó su simpatía por el genocida dictador español Francisco Franco, estaba abriendo las puertas a lo más rancio de nuestra sociedad, la reacción ultramontana.

Presente en la memoria colectiva aquella expresión del mandatario veracruzano cuando con orgullo aseguró identificarse con la fortaleza y la energía del dictador español Francisco Franco:

“Me identifico con un personaje de la historia que es un personaje muy polémico ¡te vas a reír..! Fue un hombre de la historia que es considerado como un villano para muchos, para otros no, que es el generalísimo Francisco Franco, quien tenía mi mismo timbre de voz”.

A Franco los españoles lo recuerdan no por su chillón timbre de voz, sino por su herencia: un millón de presos políticos y 200 mil muertos víctimas de la represión. Se le recuerda en sus 36 años de dictadura por las ejecuciones en garrote, muertes durante interrogatorios, los campos de concentración, batallones disciplinarios finos para la tortura y, al igual que Porfirio Díaz, “la paz de los cementerios”.

Toca ahora observar a un obtuso presidente municipal, el de Orizaba de nombre Juan Manuel Díez Francos, también de extracción priista quien sostiene que el dictador Porfirio Díaz “fue un héroe, un patriota quien en 30 años de presidente de México impuso paz, orden y progreso”.

Por tal motivo y, según él, con el apoyo del cabildo pagó dos millones de pesos por una escultura monumental de Porfirio Díaz, que este martes primero de septiembre se devela en la Plaza Bicentenario, paradójicamente una plaza que evoca los dos millones de muertos en la gesta revolución que dio lugar a la caída del dictador.

A Diez Franco lo deberían “¡matar en caliente!” por sus genial idea que lo único que han provocado es exacerbar el ya de por sí crispado ánimo social.

Y es que tras la arrebatada decisión de imponer la estatua del dictador a quien el alcalde compara con Benito Juárez, voces airadas se han levantado por todo el territorio veracruzano.

Ya veremos las repercusiones nacionales.

Por lo pronto el Doctor en Derecho, autor de libros sobre Derecho Electoral y Parlamentario, ex director fundador de El Colegio de Veracruz, ex Diputado Federal y uno de los más respetados líderes de opinión Francisco Berlín Valenzuela, ha advertido la sacudida que experimentan “millones de liberales y progresistas del siglo XIX y de los hombres que participaron en el movimiento armado a principios del XX, acaudillados por quienes  ofrendaron sus  vidas en la defensa de ideales y principios que los llevaron a la lucha revolucionaria, ante la atropellada decisión del edil de Orizaba”.

Señala:

“Recordamos con emoción a los hermanos Flores Magón, José María Pino Suárez, los hermanos Serdán, Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Francisco Villa y Venustiano Carranza, entre otros muchos. A sus tumbas llegó la noticia de que el hombre que les causó todos sus males, desgracias e infortunios está a punto de ser reivindicado en la próxima semana en la ciudad de Orizaba”.

En su escrito que no tiene desperdicio hace notar que el Presidente Municipal de Orizaba, Juan Manuel Díez Francos, da muestras de falta de tacto político, al sostener  que le tiene sin cuidado la opinión de los mexicanos y con una expresión insultante refuta, “No sé si lo aprueben los políticos, pero, la verdad, no me importa, me vale madre…”.

Sorpresivamente también le “¡vale madre!” al propio Secretario de Gobierno, Flavino Ríos Alvarado, quien minimizó al asunto justificando el mal humor y lo intratable que es Díez Francos, así como el “no pasa nada” si se coloca la estatua.

Olvida Flavino, paisano oaxaqueño de Porfirio Díaz, que fue precisamente en Orizaba donde los trabajadores explotados en su desesperación llevaron a cabo movimientos de huelga en el año de 1907, en las ciudades de Rio Blanco, Nogales y Santa Rosa, mandándolos reprimir a sangre y fuego, causando la muerte a más de medio millar de personas, detonando así el movimiento revolucionario.

Dice Francisco Berlín que “a Porfirio Díaz se atribuye haber gobernado autoritariamente durante más de 30 años que duró su etapa, mediante el artilugio de reelecciones manipuladas desde el poder”.

En efecto, fue un hombre ambicioso y autoritario que rigió la política mexicana durante más de 30 años.

“En ese tiempo, conjugó el cientificismo positivista y las fuerzas del capital extranjero, de la oligarquía y de la jerarquía clerical, para promover el desarrollo capitalista de México. Pero tal avance supuso la profundización de las injusticias y desigualdades sociales, el expolio de las tierras de los campesinos, el sometimiento de la burguesía criolla y la violenta represión de cualquier voz disonante…”

Eso dice la gente pensante, la que al paso del tiempo evalúa y pone en el justo lugar de la historia a quien ha lastimado al pueblo de México.

Otros, sin embargo, como el mequetrefe alcalde de Orizaba opinan lo contrario: “Porfirio Díaz tuvo errores no horrores. Yo creo que el principal error de Porfirio Díaz fue no haberse muerto a tiempo, porque Benito Juárez se murió a tiempo y tenemos estatuas por todos lados”.

Insensatas justificaciones de cara a realidades inobjetables como la de Berlín Valenzuela quien atina a señalar que el dictador, en efecto, impulsó la paz, “sin mencionarse el alto precio que el pueblo mexicano tuvo que pagar, al reducirse sus libertades civiles e individuales, convirtiéndose el dictador en el dueño de la vida de los mexicanos, persiguiendo a líderes obreros y campesinos”.

“Además, despojó a estos últimos de sus tierras para beneficiar a los hombres del dinero y a los grandes terratenientes, llegando a reprimir cualquier manifestación de inconformidad, como lo hizo en los casos de Río Blanco, Veracruz y Cananea, Sonora”.

Habrá que coincidir que la develación de este monumento persigue, sin lugar a dudas, el propósito para que en un futuro cercano las fuerzas más reaccionarias de México lleven a cabo la repatriación de sus restos.

Incomprensible pues que los líderes del PRI y las autoridades gubernamentales de Veracruz guarden silencio y permanezcan indiferentes a este hecho de profundo significado social, sin fijar una postura al respecto.

Por lo pronto el de Orizaba habrá de ser el primer monumento público en la república en honor del sátrapa Porfirio Díaz.

Y para muchos veracruzanos la confusión se está convirtiendo en ira. Escribe Wilbert Mota Montoya, el agudo escritor de redes sociales:

“Señor alcalde: haga con su dinero lo que quiera, si le gusta Porfirio Díaz, está bien, es su dinero, pero las plazas públicas no son para cumplir caprichos ni gustos personales, esos tiempos alcalde, ya se fueron… y ¿sabe qué sucederá si coloca esa obra en la plaza pública?, va a tener que estarla cuidando noche y día….hasta que venga otro alcalde y la retire si no la retiran antes los herederos de Rio Blanco”.

En efecto, militantes del PT advirtieron que iniciarán una serie de acciones de boicot. Este sábado ya iniciaron la recolección de firmas en el parque “El Castillo” para demandar que no se coloque la estatua.

Mientras los partidos políticos, que no el PRI, adelantaron que “Recurriremos a todas las instancias, a todos los foros, al INAH, a la UNAM, que históricamente han dado la razón al considerar a Díaz como dictador”.

Y lo que son las cosas pese a que el alcalde Juan Manuel Diez Francos afirmó que la colocación de la estatua de Porfirio Díaz fue aprobada en sesión de Cabildo, el regidor cuarto, Antonio Roldán Bravo, señaló que nunca hubo tal situación.

Mencionó, que hace un mes el presidente municipal les comentó durante una sesión de Cabildo su intención de donar una estatua a la ciudad de ese polémico personaje, ya que en lo personal era alguien a quien admiraba. “De ahí a que estuviéramos de acuerdo dista mucho”.

Algo pues, está pasando en Veracruz.

La década trágica nos golpea por todos lados. A la crisis económica, política y social que vivimos, aunada la inseguridad y ausencia de buen gobierno, se suman acciones y decisiones que solo contribuyen a crear un caldo de cultivo de imprevisibles consecuencias.

Afortunadamente el final se acerca ya.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo

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