El espionaje contra periodistas es por denunciar las corruptelas del presidente
En otros países, un escándalo como el de Pegasus ya hubiera hecho rodar varias cabezas. El espionaje contra periodistas no se ha visto en su justa dimensión, pero es para que ya hubiera rodado cabeza del secretario de Gobernación. En México el periodismo de investigación como perseguidor implacable de la corrupción gubernamental, apenas va cobrando fuerza.
Fue admirable la investigación que hizo Carmen Aristegui con un compacto y bien preparado grupo de investigadores sobre la Casa Blanca mexicana, propiedad de la esposa del presidente Peña. Estos periodistas descubrieron el contubernio entre funcionarios y empresas privadas.
Esta investigación fue premiada en el extranjero, en México sirvió para correr a Carmen Aristegui y a su grupo de valientes investigadores de su trabajo, y ahora nos enteramos que Aristegui y su hijo fueron víctimas directas de espionaje.
Por eso resulta cínico y ridículo que el Ejecutivo federal encargue la supuesta investigación a la PGR, cuando las pruebas irrefutables ponen a esta institución como la compradora del programa de espionaje en el 2014.
Ahora sí, Javier Duarte regresa a México como personaje de revista ilustrada de detectives. Con eso de que en Notiver lo bautizaron como “el malvado doctor Tocino”. Regresa desde antes de regresar pues ya lanzó las primeras acusaciones y esta vez en contra de su archienemigo, Miguel Ángel Yunes Linares, el gobernador azul.
Se preocupan los críticos incipientes de este bienio por el dinero que se gastó el fiscal en su viaje a Guatemala para estar presente en la audiencia de Javier Duarte. Les preocupa si los gastos de transporte, alimentos y hospedaje salieron de los bolsillos del fiscal o si fueron erogados del dinero de los veracruzanos; se rasgan las vestiduras.
En estas últimas semanas, el término estado fallido ha sido empleado por periodistas y comentaristas políticos para describir a Veracruz. Otros más lo hacen liberalmente en las redes sociales, pero hay algunos que disfrutaron de las mieles del poder del fidelato y el duartismo, esos son los que más utilizan el término, desde luego por razones obvias.
Le decía Jaime Rodríguez el Bronco, gobernador de Nuevo León a un reportero: «¡Oye, compadre! ¿Te puedes ir?, porque tengo el derecho de decidir a quién le puedo dar la información o no». Ahí está la mentira, porque el gobernador del estado tiene la obligación constitucional de informar a todos, no nada más a los que se le pegue la gana.
Los familiares de Sergio Pitol reclaman a Sara Ladrón de Guevara, rectora de la Universidad Veracruzana, su postura pusilánime ante la situación que viviera el Premio Cervantes de Literatura. A pesar de que Sara Ladrón de Guevara estaba al tanto de los abusos que se cometían en contra del maestro (lo obligaron a demandar a su primo hermano por asesinato; falsificaron constancias médicas) ella no intervino para nada, pero ahora sale a decir que Pitol es el más distinguido de sus académicos y que le desea larga vida en salud y con calidad.
Mientras el abogado Tomás Mundo acariciaba la idea de formar parte del gabinete de Miguel Ángel Yunes Linares se le veía sonriente y optimista; cada que se le encontraba en eventos políticos y literarios tenía esa arrogancia de los elegidos. Nos comenta el periodista Armando Ortiz que en alguna ocasión compartió mesa literaria con el abogado que entonces sólo era director de Tránsito. En su currículum mostraba con orgullo publicar cada semana una columnita en Diario de Xalapa.
La risa, dice Jorge de Burgos, el monje ciego y asesino de El nombre de la rosa, novela de Umberto Eco, libera al aldeano del miedo al diablo. «La risa distrae, por algunos instantes, del miedo al aldeano».
Los mexicanos, los que buscan el cambio democrático, saben que en 1988 Carlos Salinas se robó la presidencia de la República en una de las elecciones más polémicas de la historia reciente de México. Se recordará que la elección se llevó a cabo el 6 de julio de 1988. El conteo de votos se realizaría mediante un sistema de cómputo, operado por la Comisión Federal Electoral, encabezada por el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz. Sin embargo, durante la noche del día de la elección, el sistema repentinamente se “cayó”. Hasta entonces, el conteo de votos favorecía la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas.