Los hijos de la fidelidad y los hijastros de Duarte dejaron en ruinas al PRI
En puro cascajo dejaron los lapidarios miembros de la fauna fidelista y duartista. En tan sólo 12 años acabaron con la historia de victorias del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Hoy sus instalaciones solo son un muro de lamentaciones. Muchos miembros de las viejas estructuras han abandonado no sólo el recinto, sino también al partido.
Como verdaderos buitres carroñeros, los hijastros putativos de la fidelidad hicieron de las suyas con las candidaturas en los tiempos en que se peleaban por ellas. El oriundo de Nopaltec asentó sus fueros mediante sus mandaderos. Un vasto desfile de personajes se dejaba ver en el PRI; desde amantes, segundos frentes, compadres, amigos de dudosa reputación, todos ellos vivieron en jauja.
Hoy sólo se ven los unos a los otros; los puestos son honoríficos, no hay billete que administrar ni espacios en las alcaldías para regidores y personal que apoyo de las fallidas campañas. Hoy el PRI veracruzano está de capa caída y mucho de esta situación se le debe a Javier Duarte.
Sus excesos y mal tino político dejaron al PRI en una situación lastimera, y como prueba ahí están los últimos resultados de las elecciones municipales. Por eso en el PRI, hoy más que nunca, urge una renovación completa.
Las descalificaciones y la guerra de lodo siempre han acompañado al dueño absoluto de Morena. Ningún político ha despertado tanto encono en la clase empresarial y en la cúpula del poder como este líder izquierdista. El mérito de López Obrador radica en su postura contra la violencia; su experiencia del plantón en Reforma, años atrás, le dejó una valiosa experiencia. El tabasqueño sabe que se está enfrentado a una estructura muy poderosa y corrupta. Su postura ideológica atenta contra los intereses de los dueños del país.
En Libertad bajo Palabra deberíamos cobrar como asesores de gobierno, y es que damos recomendaciones que quienes las siguen, como el sagaz, se alejan de las calamidades. Sin embargo, hay quienes no siguen nuestros consejos y, como el inexperto, tienen que sufrir las consecuencias.
Hace poco más de un mes recibimos una denuncia anónima sobre los abusos de Julio César Sosa Mirós, director de la Academia de Policía. Al no poder tener una referencia de la persona que nos enviaba ese mensaje, sólo un perfil de Facebook hecho a propósito para esta denuncia, decidimos no publicarlo. Pero hoy, una vez que se ha dado fe de los abusos de Sosa Mirós, nos parece pertinente anotar algunos párrafos:
Estremece el reporte que hiciera Arantxa Arcos sobre la situación de los cadetes que fueron echados de la Academia de Policía en El Lencero. Sólo en el contexto de una gran necesidad de trabajo puede uno entender que los jóvenes hayan soportado tanta vejación. Dice la periodista en Blog ExpedienteMX que «cadetes, tanto hombres como mujeres, eran violados por instructores».
Pues tendrán muchos años de paracaidistas, tolerados y solapados por los gobiernos priistas, pero eso no les da derecho de crear su propia infraestructura urbana e invadir predios para así cruzar a fraccionamientos privados. Estamos hablando de las personas que se enfrentaron con policías en protesta porque les estaban tumbando un puente que ellos mismos construyeron para cruzar un arroyo de aguas negras y así cruzar hacia Monte Magno.
Reporta el periódico El Financiero que durante el sexenio de Javier Duarte operaron en Veracruz 225 empresas fantasma, es decir, empresas que simularon serlo y que sólo estaban constituidas en un papel con el propósito de cubrir operaciones financieras fraudulentas. De acuerdo con este medio, estas empresas circularon 20 mil 940 millones de pesos, lo que equivale a la mitad de la deuda total del estado.
La Secretaría de Educación de Veracruz ya lleva un camino muy avanzado sobre la difusión del nuevo modelo educativo, mismo que fue anunciado apenas en marzo pasado por el Gobierno Federal. Como prueba de ello, esta mañana se dio una reunión de trabajo en la Escuela Secundaria Técnica número 72.
En una comparecencia en el Congreso del Estado de Veracruz, con micrófono abierto y cuando éste se encontraba en la «plenitud del pinche poder», el súper policía malcriado de Javier Duarte, al referirse a la prensa veracruzana los llamó «pinches medios». Y es que la prensa, la aguda, la crítica, había comenzado a comparar al secretario de Seguridad Pública del estado de Veracruz con Arturo el Negro Durazo, exjefe del departamento de Policía y Tránsito de la Ciudad de México y cercano al expresidente José López Portillo; los más cercanos a Bermúdez Zurita dicen que eso le había molestado mucho.
Ramón Ferrari Pardiño fue un funcionario del gobierno de Javier Duarte que pecó de corrupto y de ingenuo. Javier Duarte lo puso en la Sedarpa sin merecimientos, así como Fidel Herrera puso a su hijo Antonio Ferrari como titular de Finanzas a unas semanas de terminar su sexenio. Ambos fueron puestos como tapaderas, como funcionarios monigotes a los que hacían como se les pegaba la gana.