AMLO, sigue defendiendo a Duarte…
Dicen que el pez por la boca muere, a esa frase habría que añadir que posiblemente el Peje también. Y es que Andrés Manuel, en su soberbia verbal, a veces suelta cada frase. Cada aseveración que termina teniendo un efecto boomerang. Es como escupir para arriba, es como darse un escopetazo en el pie. Y es que el tabasqueño, consciente o inconscientemente, se ha puesto a defender a Javier Duarte con tal de hacer quedar mal a Miguel Ángel Yunes Linares.
En la última embestida calificó a Javier Duarte, uno de los peores criminales que ha tenido este país, como un “chivo expiatorio”. Vaya, si lo hubiera dicho del “Chapo” el daño hubiera sido menor. Pero a los veracruzanos, los que hemos vivido el sexenio de Fidel Herrera y de Javier Duarte, que sólo haga suponer que Javier Duarte es inocente es como si nos mentara la madre.
Ya lastimó al gremio periodístico cuando dijo que Yunes les daba maíz con gorgojo, y ahora esto. Pero como nadie le puede decir que se calle, nadie tiene la autoridad para corregirlo, pues por ahí va a “morir” el Peje, por la boca. ¿Y Cuitláhuac García? A ese le dice mueve la cola y la mueve, le dice hazte el muertito y se hace, le dice lámeme la mano y le lame más que eso.
Un juez de Los Ángeles, California, giró una orden de aprehensión en contra del cantante mexicano Luis Miguel. Se sabe desde hace tiempo que el cantante, por diversas razones, ha cancelado conciertos de última hora, dejando en mal a los organizadores y por supuesto a la fanaticada que siempre exige el reembolso de sus entradas.
Sobre el tema es interesante lo que publica el periódico La Jornada Veracruz, quien reporta que el grupo de WhatsApp que apoyaba a Javier Duarte se ha disgregado. Este medio de comunicación señala que hasta el momento los colaboradores cercanos de Duarte, miembros de su gabinete, no han hecho ningún comentario sobre la detención de su exjefe en Guatemala:
Ahora todo mundo lo niega. Los políticos de alto rango que lo saludaban en su cumpleaños y lo llamaban amigo; el mismo presidente Peña Nieto que lo consideró como parte de la “nueva generación” priista que estaba gobernando en el país. A Javier Duarte ahora lo niegan sus colaboradores, esos que se llenaron de dinero aprovechando que el gobernante estaba atascado en sus propios vicios. Sus funcionarios que abusaron de la confianza de los veracruzanos y se apropiaron del presupuesto.
Y qué esperaban, que la clase política que solapó y se complicó con Javier Duarte lo iba a reconocer en el momento de su desgracia. Por supuesto que no. Si algo tiene la clase política de este país es deslealtad, lo suyo nunca fue amistad sino interés. Mientras Javier Duarte estaba en la «plenitud del pinche poder», obvio se le acercaban como moscas a la miel. Mientras Duarte les pudiera dar alguna obra, algún beneficio, alguna beca o apoyo directo, pues no había ningún problema y hasta le soportaban el aliento de corrupción que de su persona emanaba.
La expresión «en la cama y en la cárcel se conoce a los amigos», surgida de un refrán, se utiliza para hacer referencia a que sólo los verdaderos amigos nos acompañarán cuando enfermemos o cuando por alguna razón caigamos en la cárcel, pues sólo de esta forma sabremos a quién le importamos y con quién podemos contar.
Después de la intentona mediática del Gobierno Federal por querer colgarse las coronas por la captura de Javier Duarte y demostrar ante los demás que son más puros que el manto de Turín, los estrategas electorales del PRI confían que Alfredo del Mazo suba en las preferencias y mantengan la gubernatura en manos del PRI. 90 años de control político no se pueden ir a la basura tan fácilmente.
La sola extradición de Javier Duarte de Guatemala a nuestro país podría tomar de seis a doce meses, al menos eso fue lo que pronosticó Alberto Elías Beltrán, titular de la Subprocuraduría Jurídica y de Asuntos Internacionales de la PGR.
El que debe estar nervioso por la captura de Javier Duarte es el doctor del hospital Ángeles que le vendía, muy caras por cierto, esas malteadas para perder peso que le ayudaron a presentarse el día de la elección con una figura cuasi esbelta, presumiendo su camiseta de la selección. Esas mismas malteadas son las que tomaba Nemi Dib y su amiga Gina Domínguez.
Se dice que el viaje que hicieran los hijos de Javier Duarte de Toluca a Guatemala fue clave para que las autoridades dieran con el prófugo exgobernador. Resulta que en ese viaje José Armando Rodríguez Ayache, concuño del exgobernador trató de trasladar más dinero del permitido por las leyes aduanales; se detectó que llevaba 12 mil 15 euros, mil 445 dólares y 14 mil 950 pesos mexicanos en efectivo.