Maestros rurales, como en los tiempos de Chéjov
«El maestro debe ser un artista, debe estar ardientemente enamorado de su labor, y en nuestro país el maestro es un paria, un hombre mal instruido que va al campo a enseñar a los niños con la misma ilusión con la que iría al destierro. Pasa hambre, se le maltrata, está asustado ante la posibilidad de perder su trozo de pan (…) Es absurdo pagarle una miseria a la persona que está llamada a educar al pueblo».
Esto que acaba de leer y que quizá le parezca una descripción contemporánea de lo que es un maestro rural, no lo es tal. Este texto es de Anton Chéjov, escritor ruso que fue un gran crítico de la estulticia, de la estupidez humana. Lo escribió hace más de cien años, lo escribió cuando vivía en un estado feudal, como la Rusia de los zares. Chéjov se preocupaba por la educación de su país y sabía lo que significaba dar mejores condiciones de trabajo a los maestros. Hace más de cien años ya lamentaba la situación en que laboraban los maestros rurales.
Esa misma situación, cien años después, en un país supuestamente democrático, es la que viven los maestros rurales de México, pero no sólo los maestros rurales, muchos maestros que laboran en centros urbanos también padecen de ese ostracismo laboral.
El dardo envenenado ya fue lanzado por la maestra Elba Esther Gordillo Morales; a la punta van el exsecretario ejecutivo del SNTE, Rafael Ochoa Guzmán, y el yerno de la propia mentora. Reza el dicho que el fin justifica los medios y para alcanzar el poder en el Estado de México (Edomex), Delfina Gómez se deja acompañar por los personeros de la maestra.
Ni Yunes esperaba que López Obrador debatiera con él, ni AMLO se cree eso de que el gobernador quiere debatir con él. Yunes y López Obrador nunca se van a enfrentar en un debate, aunque el gobernador le pida el tirito a cada rato. Andrés Manuel de plano se hizo a un lado, como lo ha estado haciendo cada que lo retan, y sale con sus graciosadas de que «le van a robar la cartera». El sentido de este enfrentamiento verbal no va a pasar de lo mediático, cada uno conoce el beneficio que saca de estas bravatas; de inmediato les dan primeras planas en los medios nacionales.
Vaya usted a saber si fueron los videos de Eva Cadena, o si fueron las trapacerías de Manuel Huerta, o el hecho de que Andrés Manuel López Obrador ya viene a cada rato a Veracruz y está muy visto, pero el caso es que cada vez son menos los que acuden a sus mítines.
Unos días atrás, Libertad bajo Palabra publicaba lo siguiente en referencia al incremento salarial: «Todavía, en el colmo del cinismo, el secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) dice que peleará a muerte un buen aumento, cuando sabemos que este no rebasará el tres por ciento; vaya desfachatez, si el aumento de la gasolina y la inflación de la canasta básica pulveriza el pírrico aumento salarial en un instante».
Se acuerda usted del brutal accidente ocasionado por una de las pipas de la empresa ISI Xalapa en el mes de diciembre del año pasado, donde lamentablemente se perdieron varias vidas. Pues los deudos aún no ven descanso con su penar. Los tramites del proceso son engorrosos y en ocasiones el tortuguismo burocrático hace que sea muy lenta la recuperación emocional.
Dónde está el espíritu deportivo en la acción de lanzar un anzuelo con carnada para que un pez se atore y así jalar para pescarlo. Algunos pueden hablar de ciertas técnicas y de paciencia. Pero dónde «jijo de la chingada» está el espíritu deportivo de un grupo de sujetos que jalan un hermoso tiburón tigre para ponerlo al alcance de las balas de un gran pendejo que le dispara hasta matarlo. ¿Es eso deporte? Eso es lo que se está viendo en las redes sociales.
El dilema de la semana tuvo que ver con la ejecución de un civil en el Palmarito, municipio de Puebla. Un civil, a pesar de que anduviera con chaleco antibalas, a pesar de que estuviera armado, a pesar de que hubiera disparado en contra de soldados del Ejército, es un civil. Ante esa acción no hay defensa, sobre todo porque el Ejército tiene por encargo hacer que la ley se cumpla.
Pues claro que se la merece, dicen algunos, sus buenos madrazos se llevan en cada pelea. Pero la verdad es que desde hace mucho tiempo se sabe que Saúl el Canelo Álvarez es un producto de la televisión, no del deporte, sino de los intereses económicos del deporte. La fórmula es fácil: se trata de inflar a un peleador con cierto carisma, hacer creer que es un vencedor consiguiéndole peleas a modo.