Echan abajo los 11 delitos que le imputaron a Rogelio Franco Castán; el último, retención de menores. ¿Ahora con qué excusa lo mantendrán preso?
El único delito de Rogelio Franco Castán fue haberse amartelado con una mujer desquiciada, a la que no le importó el sufrimiento de sus hijas con tal de vengarse de su marido. Después de que un Tribunal Colegiado emitiera la resolución que ampara a Rogelio Franco Castán, nos damos cuenta que el señor no cometió delito de retención de menores. Los otros 10 delitos que se le habían imputado también se vinieron abajo. Es decir, Rogelio Franco Castán nunca debió estar en prisión.
Pero tanto Cuitláhuac García, Eric Cisneros Burgos, Verónica Hernández Giadáns y los jueces que lo vincularon a proceso actuaron en contra de la ley; todo con el fin de cobrarle una afrenta política. Rogelio Franco ha permanecido 4 años 1 mes, 1502 días, bajo medidas restrictivas de la libertad, en primer lugar, bajo prisión preventiva justificada y al final, bajo resguardo.
En tres estados de la república, en decenas de municipios, se reportaron narcobloqueos, quema de vehículos, policías asesinados, tiendas asaltadas, balaceras. Todo ocurrió en un sólo día en los estados de Michoacán, Jalisco y Guanajuato. El secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch tuvo que reconocer la magnitud de los ataques: «El día de ayer se registraron hechos violentos en 26 municipios de Michoacán, dos en Guanajuato y uno en Jalisco que derivó en el incendio de diversos vehículos, tres ataques a tiendas, diversos bloqueos y agresiones a autoridades, donde dos policías perdieron la vida.
Dentro de lo bueno y lo malo que pasa dentro del partido gobernante en México, se aplaude el respaldo a la secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel, por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, sobre todo, porque dejó en claro a los diputados, que ya se acabaron los tiempos de promoción personal a partir de programas sociales o gestiones para la incorporación de beneficiarios. Y es que, los diputados querían estar presentes, cuando se entregaban las tarjetas del bienestar, en otras palabras, querían aparecer en las fotos, para que luego las subieran a las redes sociales y seguramente ponerles una leyenda de gestores del bienestar.
Hace unos días informamos que el alcalde de Matamoros, Tamaulipas, Alberto Granados había sido detenido en la entrada de Brownsville, Texas por más de 12 horas. Lo interrogaron y hasta hicieron pedazos su visa. ¿Cuál fue la razón de esa detención? El periodista Salvador García Soto se enteró de primera mano de la razón: «El ayuntamiento de Matamoros, que para nuestro gobierno es una organización criminal y terrorista». Por supuesto Alberto Granados dijo que fue una “revisión de rutina”, una “revisión de rutina” que duró 14 horas y por la que se vio obligado a llamar al secretario particular del gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal.
Apenas en el mes de febrero informamos el caso de una madre, a la que habían asesinado dos hijos, que logró sacar de la elección judicial a un sujeto que era abogado de los narcos, un sujeto que incluso estuvo implicado en la muerte de sus hijos. Rosalinda Ávalos, madre de los dos hijos asesinados, preguntó a los legisladores: «Mencionaron a una persona que estuvo involucrada con el cartel y ahora resulta que va directa a la boleta. ¿Cómo lo evaluaron?» A unas semanas de la elección para jueces, magistrados y ministros de la SCJN, el presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña reconoció que se les habían colado en las listas algunos defensores de narcos.
El 23 de abril de 2015 murió el maestro Guillermo Zúñiga. Era jueves y esa noche, hace 10 años, me puse a escribir estas palabras para atenuar el dolor de su partida: «Querido Guillermo, el jueves por la noche, después de escribir mi artículo de Viernes Contemporáneo, me enteré de tu muerte. Hace días que el presagio de tu partida nos andaba acosando, nos buscaba en las angustias, en los respiros, en las palpitaciones; embestía nuestras esperanzas, porque a pesar de la inclemencia de tu cáncer queríamos que te recuperaras, que volvieras a sonreír, que volvieras a soltar esa sonora carcajada de barítono que hacía estremecer los cristales de tu ventanal; nos hacíamos ilusiones y cada que nos llegaba una noticia de tu salud le tapábamos los oídos a la esperanza para que ésta no se desanimara y nos dejara en el abandono total. Se nos olvidaba que la esperanza, lo decía Emily Dickinson, es “algo con plumas que se posa en el alma” y que aún en medio de la más terrible tormenta su voz es más dulce y su canto no cesa.
La memoria del hombre está en los libros. Sus alegrías, sus dolores, sus victorias, sus derrotas, sus pasiones, sus desilusiones, sus sueños y sus vigilias; todo está en los libros. El libro siempre ha tenido un alto valor específico en las sociedades civilizadas. Vehículo de cultura, el libro nos forma y nos transforma, nos conduce y nos seduce; dulce tirano nos obliga a imaginar, a soñar. Creamos a partir de éste y a partir del libro creemos. Sólo Borges, el gran escritor argentino, pudo escribir estas palabras sobre el libro: «De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación».