Desde “La Chingada”, el rancho donde reside el expresidente Andrés Manuel López Obrador en Palenque, Chiapas, salió el siguiente mensaje: “Estoy retirado de la política, pero mis convicciones libertarias me impiden callar ante el prepotente atentado a la soberanía del pueblo de Venezuela y el secuestro de su presidente. Ni Bolívar ni Lincoln aceptarían que el gobierno de Estados Unidos actuara como una tiranía mundial.
Presidente Trump: no caiga en la autocomplacencia ni escuche el canto de las sirenas. Mande al carajo a los halcones; usted tiene capacidad para actuar con juicio práctico. No olvide que la efímera victoria de hoy puede ser la contundente derrota del mañana. La política no es imposición. Recuerde que “el respeto al derecho ajeno es la paz”, como nos enseñó Benito Juárez en el siglo XIX. Soy mexicano con mucho orgullo, pero también latinoamericano. Apoyo incondicionalmente a mi presidenta Claudia Sheinbaum.
Por ahora no le mando un abrazo. AMLO”. Por supuesto, no se podría esperar otra cosa de un sujeto que, lo mismo que Maduro, deterioró la vida social, política y económica de toda una nación. Un sujeto que irá cargando los muertos que ocurran cada que se descarrile un tren o se caiga alguna de sus obras emblemáticas.