En el municipio de Tlaltetela, en la zona montañosa central de Veracruz, México, una comunidad campesina enfrenta una de las prevalencias más altas del mundo de la ataxia espinocerebelosa tipo 7 (SCA7), una enfermedad genética neurodegenerativa rara e incurable. Este trastorno hereditario autosómico dominante provoca pérdida progresiva de coordinación motora, dificultad para hablar y tragar, deterioro visual hasta la ceguera y, eventualmente, parálisis, devastando familias enteras al transmitirse de generación en generación. Estudios científicos, como los realizados por investigadores de la Universidad Veracruzana y el Instituto Nacional de Neurología, indican que Tlaltetela concentra la mayor serie de casos global de SCA7, con tasas que superan ampliamente la incidencia mundial (1 por cada 100.000 habitantes).
En esta región, se reportan cientos de afectados y portadores, rastreables hasta ocho generaciones, debido a factores como la endogamia histórica en comunidades aisladas geográficamente hasta décadas recientes. La mutación en el gen ATXN7 se originó en Europa (posiblemente en los Pirineos vascos) y llegó a México vía migración colonial.
Aunque no existe cura, los habitantes, apoyados por organizaciones como Fundación Genes Latinoamérica y Ataxia México, reciben terapias de rehabilitación, apoyo alimentario y seguimiento médico multidisciplinario. Recientemente, en diciembre de 2025, se realizó la primera Jornada de Seguimiento de AES7 en Xalapa, consolidando esfuerzos para mejorar la calidad de vida. Esta lucha resalta la necesidad de mayor reconocimiento oficial de enfermedades raras en México, donde la SCA7 aún no está catalogada, pese a su impacto en Veracruz, que ocupa el primer lugar mundial en prevalencia.
