Lo más grave de los therians es la seriedad con la que defienden su identidad animal. «No es un disfraz, es mi identidad espiritual involuntaria», alegan. Claro, porque nada grita “profunda conexión ancestral con la naturaleza” como hacer un TikTok con filtro de orejas, nariz y lengua de perro. Y si alguien se ríe, es fobia theriana, opresión sistémica, trauma invalidante. Y con los therians surge el nuevo pecado mortal del 2026, reírse de alguien que muerde tobillos en nombre de su zorro interior.
En fin, enhorabuena a esta generación por llevar el “sé tú mismo” hasta el punto de convertirse literalmente en cualquier cosa menos un adulto funcional. Próximo paso: therians de paloma que exigen derechos para cagar en monumentos históricos sin que los multen. Ya quiero ver el manifiesto. Mientras tanto, los invito a seguir ladrando a la luna… pero por favor, no en la banqueta, que hay gente que sí necesita transitar como seres pensantes.

