Dice una página especializada en el tema, «porque tienen sus mismos gustos, pasiones, problemas, sentimientos y emociones. Son vistos como el compañero de escuela o el vecino de la puerta de al lado y no como estrellas. Esto aumenta el sentido de confianza, la estima y el vínculo con ellos». Un YouTuber busca transgredir y es la transgresión la que le cosecha adeptos. El YouTuber capta de inmediato los rasgos de imbecilidad de sus seguidores y les alimenta esa imbecilidad.
¿Serán conscientes esos personajes de la gran responsabilidad que tienen al influir, ya sea de manera positiva o negativa en los jóvenes? La respuesta puede ser NO. Y la conclusión es inmediata porque la esencia del YouTuber es el entretenimiento, no es la docencia. Los jóvenes, hartos de la escuela y de los adultos, quieren a alguien que les regale los oídos, no alguien que los instruya. Por ello seguimos afirmando: «Los YouTubers son los arrieros de la imbecilidad en las redes sociales».
