Marcelino García Barragán, entonces secretario de la Defensa, se quiso hacer responsable de esa represión y un día, cínicamente lo confesó: “El comandante responsable soy yo”. Con ello trató de encubrir al verdadero criminal, un sujeto lleno de complejos, que sólo conocía la fuerza, porque la razón le quitaba el sueño: Gustavo Díaz Ordaz. Por eso el 2 de octubre no es una fecha más. Es el recuerdo de miles de golpes, miles de balas, decenas de muertos; es el recuerdo del odio de un presidente que pensó que la historia lo iba a exonerar. Sin embargo, con el tiempo, esa injusticia se fue olvidando. Al parecer hoy ya nadie se acuerda del movimiento estudiantil, ya nadie se acuerda del movimiento social, ya nadie se acuerda de la “Matanza de Tlatelolco”.
Hoy las consignas son a favor de Palestina, hoy la exigencia de justicia es por los 43 de Ayotzinapa, por los desaparecidos en México, por el bloqueo en la Franja de Gaza, por el derecho de las mujeres a abortar. Y con esa excusa cientos de vándalos, llamados “el bloque negro” destruyó negocios, robó en tiendas y centros comerciales y agredió a la policía que tenía la orden de no repeler las agresiones. 57 años después, el 2 de octubre, sí se olvida.

