Por otro lado, el acatamiento solovino del poder Legislativo, sobre todo la parte morenistas que hace mayoría en el Congreso Federal, está sometido por el poder Ejecutivo. Por esa razón, la llegada de Norma Piña como ministra presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación es una buena señal para la impartición de justicia y para la democracia del país.
Sin embargo, el linchamiento contra la ministra presidenta de la SCJN, desde luego fomentada por el Ejecutivo federal desde sus conferencias mañaneras, debe terminar. Éste no abona en nada ni contribuye a un ambiente de respeto y cordialidad que debe de existir entre los tres poderes.
