Cuitláhuac, el malasuerte

Cuitláhuac
Cuitláhuac García Jiménez FOTO: WEB
- en Opinión

Edgar Hernández* / Bien se dice que en política la circunstancia va de la mano de la suerte. Con Cuitláhuac, sin embargo, ni la una ni la otra.

Su vida política, sin mencionar la personal, ha estado llena de desencuentros, rebotes, contradicciones, infortunios y ese señalado estigma de que termine en la cárcel una vez que concluya su mandato.

Ser correo del dinero del gobierno y los malandros tras su alianza con Rocío Nahle en favor del patrón para recibir como letra de cambio, ni más ni menos que la tercera entidad más rica de la república, ni es poca cosa como tampoco premio al talento.

Es tan solo complicidad.

¿Todo para qué? para que teniendo todo el poder lo tire por la borda.

Rodearse de su familia –incluida su abuela Manuela, ya muerta- para gobernar; tener un equipo de corruptos a su lado y construir un gobierno de maquillaje, así como trabajar para la bolsa electoral del Peje, amén de la sarta de desaciertos por su forma de expresarse y de tomar decisiones, así como sus desplantes, berrinches y afeminados modos, han dado al traste con su empeño discursivo de ir por un mejor Veracruz.

Luego la mala pata.

Inaugurar un hospital que se inunda horas después de la puesta en servicio; engañar a la población con inauguraciones chafas de tramos carreteros o esa infortunada declaración de “La tenemos bajo resguardo” (a Viridiana, víctima de feminicidio) justo cuando se localizan sus restos desmembrados.

El igual sentido queda garantizar que Veracruz es seguro cuando el Sistema Nacional de Seguridad Pública da cuenta que la entidad se encuentra entre las cinco más peligrosas del país

¿Es mala pata o pendejez?

Irse de gira proselitista en favor de Morena y su corcholata Claudia Sheimabum, cuando la tercera parte de la entidad está bajo las aguas y ese regañar y echar la culpa a los periodistas cada vez que se equivoca como fue el caso de la periodista Sarah Landa, quien lo cuestionó por el repudio a los Ultrajes a la Autoridad.

Y qué tal cuando habla abruptamente en un mitin del “Bodoque” de López Obrador “perdón… del hijo de Yunes”.

Queda también para el folklor político cuando dijo que el Covid-19 “en el caso del regreso a clases, si se llegaran a contagiar los niños, sería como piojos o varicela”.

Pero, lo del tren aéreo si que fue de risa local “Querían las obras de mil millones, ahí está el tren que va por vía aérea entre Ciudad de México y Toluca”.

Y la reciente pifia y el ¡Usted disculpe! tras la detención de un joven incriminado en el homicidio de dos periodistas solo por llamarse “Antonio de Jesús”, igual que el presunto homicida.

Queda asimismo a deber en ese mar de ocurrencias y contradicciones, las matanzas de Minatitlán donde 14 personas –incluido un bebé- fueron asesinadas y la masacre de Coatzacoalcos en una atentado a un Table-Dance donde murieron 28 personas a manos de un grupo armado vinculado al CJNG que tiró granadas, incendió la puerta y bloqueo las salidas de emergencia.

Su respuesta ante la masacre fue “¡Que se investigue!” torciendo la manita.

En la sumatoria de este magro anecdotario político, queda su afirmación de que “casi vivo de prestado ya que mi patrimonio es poco” justo en el momento en que la Contraloría del Estado oculta su declaración patrimonial “por razones de seguridad personal”.

Si fuera el caso ¿Quién desearía robarte a un muerto de hambre?

Sus pleitos e inopinadas descalificaciones al representante federal del Poder Legislativo, Ricardo Monreal; ese capricho de encarcelar a sus enemigos por delitos prescritos.

Y qué decir de sus bailes cantinflescos salpicados de “Salsa” o los tacos de tripa gorda que tanto le gustan o ese “honor” de ser comparado con don Adolfo Ruiz Cortines.

¿Recuerda usted cuando unos periodistas le preguntaron por las patrullas supuestamente compradas a sobreprecio al inicio de su gobierno? «Uy, qué grave», se burló el gobernador.

Cuitláhuac García, no es más torpe porque el día no tiene más horas, ni luce más ignorante porque prefiere guardar silencio, escribe Raymundo Rivapalacio.

“Su desgracia es que encabeza el estado más violento del país, y la desgracia es que es protegido del presidente Andrés Manuel López Obrador”.

¡Bendiciones pues para el bendito… mientras dure!

Tiempo al tiempo.

 

*Premio Nacional de Periodismo

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