Ucrania del Bienestar

Ucrania
Andrés Manuel López Obrador FOTO: WEB
- en Opinión

Jorge Flores Martínez / Las guerras en el siglo XXI son extraordinariamente complejas, los armamentos que intervienen son de la más alta tecnología, tanques, artillería o los aviones caza de última generación. La misma estrategia militar es compleja en todos sus aspectos: suministros, avances y posiciones tanto propias como del enemigo. Son tantos y tan variadas las formas de guerra desde la bacteriológica hasta la guerra informática pasando por la convencional.

Es la guerra actualmente una de las actividades humanas más complejas posibles, no solo es matar y ocupar un territorio, es mucho más que eso, pero, si la guerra es compleja, la paz es aún mucho más compleja. No se trata de los deseos de las misses en un concurso de belleza que piden por la paz en el mundo. La paz no es el estado natural del hombre, es una construcción civilizatoria muy compleja e intrincada.

Construir la paz es un proceso donde intervienen aspectos sociales, demográficos, económicos, naturales, políticos, religiosos, orográficos, hídricos, comerciales y muchos otros más que sería tedioso enlistar. Se requiere de negociaciones serias y muy especializadas entre las partes involucradas y los que intervienen como mediadores. Son cosas de gente seria, capacitada y especializada en el tema y la región.

Para iniciar una guerra solo se necesita la orden de un loco dispuesto a romper el siempre frágil equilibrio de la paz. Para construir la paz se necesitan cientos de especialistas en los más variados temas, negociadores de primer orden, mediadores con reconocimiento mundial, miles de horas de reuniones donde se avanza un paso y se retroceden tres. La guerra es nuestra predisposición natural como especie, la paz es una de las construcciones civilizatorias más complejas que hemos logrado como seres humanos.

Me hablan del plan de paz para Ucrania de López Obrador y la verdad que me da un poco de risa, no tiene ni pies ni cabeza, pasó de algo que pudo ser un gesto de buena voluntad a ser una propuesta que muchos la consideraron como oportunismo político muy bananero.

Voy por partes antes que se indignen mis especialistas en Ucrania. Este proyecto de paz invitó a formar un comité en el seno de la ONU donde participarían el primer ministro de la India, Narendra Modi, y el Papa Francisco. Los personajes son interesantes, pero no estoy tan seguro que a las partes involucradas les parezcan representativos, Ucrania y Rusia son Cristianos Ortodoxos, y Modi no tengo claro que pitos pueda tocar, pero, en fin, no están mal, si tan solo les hubieran avisado antes que estarían al frente de tan complejas negociaciones.

Pero ahí no termina todo, López Obrador, indignado por el mal recibimiento que tuvo su plan de paz, acusa de sectarios y de obedecer a intereses de élite a los ucranianos. Por eso los invaden, por pasados de lanza y sectarios, le faltó decir.

Pero lo que más me enterneció fueron los motivos de nuestro presidente al defender su proyecto de paz, cito: “es un deber tratar de salvar vidas y evitar sufrimientos en estos países. Está de por medio detener la inflación, la crisis económica y el bienestar en todo el mundo”. El hombre merece el Nobel del Bienestar Mundial, porque el de la Paz le queda muy pequeño.

El proyecto adolece de lo elemental, es absolutamente parcial, apenas condenó la invasión rusa con las más inverosímiles justificaciones de la barbarie cometida por Rusia a un país libre y soberano y culpa de agravar el conflicto a la OTAN y a los intereses de la industria bélica de Europa y EEUU. Claro, está en absoluto desacuerdo con las sanciones impuestas a Rusia.

Nuestro presidente olvida que la primera condición para mediar en un conflicto internacional es conocer los orígenes y causas de este; La segunda condición es no tener una postura a favor de una de las partes; La tercera condición es contar con los especialistas y negociadores para sentarse a la mesa a construir la paz. No tiene nada, solo es oportunismo político de consumo local.

Luego, para empeorar las cosas, sale nuestro canciller con la naquez de tomarse una selfie en los funerales de la Reina Isabel de Inglaterra. Lo triste es que Ebrard es de lo más sofisticado y refinado que tiene la 4T. Es lo que tenemos, para esto nos alcanzó.

Ahora solo resta proponer a nuestro presidente para el Premio Nobel del Bienestar.

Porque el Nobel de la Paz es muy fifí y conservador.

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