La Corrupción en Veracruz

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Corrupción FOTO: WEB
- en Opinión

Jorge Flores Martínez / Hay muchas cosas en las que no puedo coincidir con el presidente, otras que solo es cuestión de matizarlas. Hay una en especial que comparto con él y coincido plenamente, la corrupción en México es un grave problema.

No se había presentado en nuestro país un candidato que, sin ambigüedades, descifrara lo que sentimos los mexicanos al ver políticos estúpidamente enriquecidos en unos cuantos años y la impunidad cínica con la que lo hacían, y tuviera la capacidad de transmitirla de forma sencilla y clara durante todo el tiempo que estuvo en campaña. Definitivamente, esa capacidad de primero entender y después transmitir la frustración de los mexicanos y la corrupción para transformarla en su principal plataforma política fue una de las causas que lo llevó a la presidencia.

Coincidir con el diagnóstico de un problema no siempre resulta en estar de acuerdo con la forma de combatirlo. Yo no creo en que si el presidente es honesto todos los demás lo serán, eso es pecar de ingenuo o querer vernos la cara. Tampoco me gusta la idea de un grupo de notables que certifiquen la honestidad y moral de los demás. ¿Quién certifica a los notables? La metáfora de barrer las escaleras desde arriba es demasiado simplista y tonta.

El presidente tenía el diagnóstico claro y cristalino, lo que nunca tuvo fue un programa para combatir la corrupción. Y no lo tuvo, porque nunca le interesó tenerlo. El problema de la corrupción solo existía en los otros, en los adversarios, nunca en sus cercanos, ellos están libres de esas vulgares y prosaicas ambiciones.

En Veracruz el gobernador no tiene fama de político corrupto, es una persona normal, sin mayores pretensiones ni ambiciones, eso le ayudó mucho para ganar la gubernatura. El discurso, tanto en la campaña del presidente como la del gobernador, era sobre los políticos corruptos, no sobre honestidad y eficiencia.

Después de tres años de esta administración estatal no tengo elementos para acusar al gobernador de corrupto, sigue siendo un hombre sencillo, sin mayores ambiciones ni deseos desmedidos de pasar a la historia como un gran gobernador, pero, también estoy en la certeza absoluta que no le gustaría que los escándalos de corrupción lo alcancen en un futuro.

No hay semana en la que un amigo, cercano o simple conocido no me platique sobre la corrupción en el gobierno estatal. Unos se quejan de moches del 30% al 50%, otros de los contratos amañados, el resto me comentan de las empresas de los cuates de funcionarios que se llevan todo y como es que se están enriqueciendo de lo lindo y sabroso, todo lo anterior, con la simulación de aplicar la ley, esa simulación tan… ¿Cómo le dicen? ¿Neoliberal? Pero que tanto parece que les gusta en esta administración y tan bien que están aprendiendo los que autoproclamaban eso de la “Honestidad Valiente”.

Es decepcionante, no para mí, yo nunca les creí, que el discurso de terminar con la corrupción solo haya sido eso, un discurso. Tantos que lo creyeron y tantos que aún lo creen. La corrupción no se combate barriendo escaleras o señalando con dedo flamígero al opositor corrupto, lo siento, solo se combate aplicando la ley sin miramiento alguno, se requiere aplicar controles, fiscalizaciones reales y revisión de cuentas sin que medie el interés político, partidista o personal. El ser humano no es honesto por naturaleza, es más, por naturaleza somos carroñeros y oportunistas.

Nunca creí en que la corrupción cambiara en el gobierno de Veracruz, no tenía ni tengo elementos para creer que les interese combatirla, tampoco tengo porque creer en la honestidad de tal o cual funcionario, es difícil tener más de 50 años y seguir creyendo tarugadas. En lo que creo es en la aplicación de la ley y la revisión de cuentas, que más que creencia, se trata de un deseo.

Se están pareciendo tanto a los que estaban antes.

Solo que los que estaban antes nunca prometieron ser honestos.

Y tampoco prometieron ser valientes.

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