Rocío y Dos Bocas

Bocas
Rocía Nahle y Dos Bocas FOTO: WEB
- en Opinión

Bernardo Gutiérrez Parra / El video impacta. Muestra a un trabajador que viste un overol color naranja y lleva una mochila a la espalda, cubrir con su mano ensangrentada la parte izquierda de su cara. Al quitar la mano muestra su ojo aparentemente reventado y literal, aúlla. ¡Ahhhh… voy a perder mi ojo, malditos!

Eran aproximadamente las 7 de la mañana de este miércoles y la refriega entre policías antimotines de Tabasco, contra trabajadores de la Refinería de Dos Bocas que había comenzado una hora antes estaba en su apogeo. Mientras los trabajadores corrían los policías disparaban gases lacrimógenos y balas de goma al cuerpo, a la cara, a los ojos.

Todo comenzó la víspera cuando aproximadamente 200 empleados de la empresa ICA pararon labores en demanda del pago de sus horas extras y mejores condiciones laborales. Horas después se unieron todos los trabajadores de esa empresa que son aproximadamente 5 mil en demanda de lo mismo. Y comenzó el jaleo.

A ojos vista (como decían las abuelas) el paro fue disuelto violentamente, de eso no hay duda, los videos no mienten y los heridos no fueron de utilería.

Pero la secretaria de Energía, Rocío Nahle, responsable directa de la construcción de la refinería, minimizó el hecho. “Hay tres personas que están detenidas” dijo de entrada. “¿Hay heridos?”, le preguntaron. “No”, indicó. Pero cuando un reportero le hizo ver que había al menos tres contestó: “Yo no tengo identificadas a estas tres personas, tuvieron lesiones pero nada de gravedad”.

Vaya inconsistencia; si no hubo heridos por qué resultó que ninguno estaba grave.

Más adelante comentó que hay 25 mil trabajadores en la refinería y son unos 200 o 300 “los que están en un paquete”. ¿Qué quiso decir con eso? ¿A qué paquete se refería?, quien sabe porque se siguió de largo: “Lo único que sé es que la policía estatal nos ayudó a contener”.

Falso, la policía no contuvo; reprimió con sevicia.

Todo esto puso felices a sus enemigos que a media tarde ya la estaban bajando del caballo en el que cabalga rumbo a la candidatura por la gubernatura de Veracruz.

Pero hace falta algo más que un paro de labores, unos trabajadores heridos y uno probablemente tuerto para tirarla de tan envidiable montura.

Y por si necesitaba cobijo la cobijó el propio López Obrador: “Son asuntos que tienen que ver con los líderes que se están peleando por el contrato. Ellos ya saben (quienes son) pero si no, se están enterando que estoy informado y que se porten bien”. Agregó que los trabajadores tienen sus prestaciones y sueldos justos. Y tan tan; aquí no pasó nada.

En serio, ¿no pasó nada? Pues hasta ahora no pero podría pasar si el problema laboral se sale de control.

Otra bronca grave es que la refinería no va a quedar en julio del 2022 como desea Andrés Manuel, aparte de que incrementó su costo. De 8 mil millones de dólares con los que arrancó en 2019, le tuvieron que inyectar otros 900 millones, algo que purgó al tabasqueño que odia gastar más de lo previsto.

Y tan no va a quedar que la propia Rocío lo sabe, pero no haya cómo decírselo al presidente que en enero de este año dijo: “Sigue en pie el compromiso que hicimos de que vamos a inaugurar esta refinería en 2022. Quedamos que se va a inaugurar el 1 de julio cuando los mexicanos decidieron, en 2018, decir basta al régimen de corrupción, al régimen de impunidad, injusticia y de privilegios”. Y en septiembre repitió que la refinería quedará el próximo año.

Digo, si se trata de la pura inauguración la puede inaugurar desde ahorita. Pero no es el caso.

Yo insisto en mi tesis lector; si Dos Bocas no está en marcha ya no en 2022 sino en 2023, por ahí se le puede ir la candidatura, la gubernatura y hasta la confianza presidencial (con el infierno que esto conlleva) a la zacatecana que hasta hoy, sigue siendo la favorita de Andrés Manuel para Veracruz.

De eso y de nada más depende que siga brillando su buena estrella o se apague para siempre antes del 2024.

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