El fanatismo ideológico como forma de gobierno

Fanatismo
Andrés Manuel López Obrador y el fanatismo ideológico como forma de gobierno FOTO: WEB
- en Opinión

Francisco Vargas / No es para nadie una sorpresa el cómo se conduce López Obrador como Presidente de la República, su particular forma de hacer política después de más de 12 años en campaña por fin le brindó frutos, pues ahora el llamado “obradorismo” es una especie de bandera política para varios funcionarios y legisladores de todo el país.

A estas alturas lo realmente preocupante es que tanto la conducta, ideologías, y fanatismos políticos del Presidente los implemente como modelo para ejercer el servicio público como gobierno, todo indica que esa más de una década que se dedicó a hacer campaña por todo el país, en combinación con el rencor y odio que acumuló dentro de él, dieron como resultado un Presidente que en lugar de gobernar con la experiencia y la lógica, lo hace con ideologías obsoletas basadas en un fanatismo que viene arrastrando desde hace décadas e incluso siglos.

Los ejemplos sobran cuando vemos que en lugar de acoplarse (como la economía en desarrollo que es México) con las potencias mundiales en materia económica, social, educativa, ambiental, ecológica o social, sigue insistiendo en crear refinerías en pleno 2021, en absorber cada vez más las facultades y el poder que tiene el gobierno como ente rector y regulador eliminando los órganos autónomos o acomodando a sus subordinados allí para que así no exista observación alguna, lo cual ha generado desde que llego al poder un gran rechazo por parte de las empresas extranjeras y así disminuyendo a gran escala la inversión en nuestro país. Insiste en querer implementar un modelo de gobierno basado en la honestidad, sin darle importancia a la preparación o a la experiencia, pero aun así sigue otorgando 8 de cada 10 contratos por adjudicación directa sin licitación a sus compañeros, simpatizantes e incluso descaradamente a sus familiares.

Repite constantemente sucesos históricos que colocan a México como una nación doblegada, buscando así victimizarse y solicitar disculpas al Vaticano o a España por ejemplo, todo esto con la única finalidad de ver reflejado en este tipo de actos y sucesos su regocijo ideológico y de paso atraer el de millones de mexicanos que se identifican con este tipo de dramas políticos.

A todo aquel que se le ocurra llevarle la contraria dentro de su círculo, lo corre y lo exhibe, pues es que nadie puede contradecir al máximo líder de la auto llamada “cuarta transformación”, ya que para él y sus subordinados (no les queda de otra), el gobierno que él encabeza significa uno de los 4 sucesos que (según él) marcaron la historia política de nuestro país.

De ese tamaño es el fanatismo de él y la mayoría que lo rodean, sin la más mínima presencia de objetividad, autocritica, o racionalidad conducen a México como un si fuera un barco sin rumbo, donde los tripulantes que somos todos los mexicanos terminaremos pagando las consecuencias muy caro.

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