La trampa del pancito

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La trampa del pancito FOTO: WEB
- en Opinión

Salvador Muñoz / Si sueñas que estás en el baño, precisamente en la taza, ¡despierta! ¡despierta de inmediato! porque si continúas, habrás caído en la trampa y entonces, cuando abras los ojos, lo verás y lo olerás. 

La otra taza también es peligrosa… la taza del café, pero sólo cuando la asocias con un pancito dulce. 

Está comprobado: una taza de café es insuficiente para un pancito de dulce de buen tamaño, por lo que se requiere entonces de una taza grande, como tarro, como tazones, no una taza que son entre 120 y 150 miligramos…  

Agreguemos otra trampa malvada: ponerle azúcar al café… 

Es una costumbre ancestral originada en Europa cuando llegaron dos productos exóticos y a la vez, considerados lujos en la casa del habitante del viejo continente: café y azúcar. 

Debido a que la tostadora era hasta cierto punto, artesanal, la acidez y amargura tenían que ser “reguladas” con un poco de azúcar… algo parecido a esa frase que hoy se disfruta en una amena plática: un buen café lo echas a perder con azúcar; un mal café lo compones con azúcar. 

Sigamos con la trampa: el pancito con café, al tiempo se vuelve panzota y aquí entra el gran negocio en que se convierte el cuidado de nuestra salud a través de las farmacéuticas. 

El ejemplo del café quizás puede parecerles exagerado pero otro caso que puede ser más amplio sin lugar a dudas es aquel remedio contra el dolor de cabeza que un doctor buscaba a través de un tónico que acabó por convertirse en el mejor aliado de las farmacéuticas sin ser medicina: la coca cola. 

Hoy, tranquilamente, podríamos hablar en un alto porcentaje de nuestra población, que el grueso de nuestra cintura debiera ser el grosor de nuestro bolsillo. Qué se pretende decir con esto: lo caro que resulta en estos días enfermarse. 

Antes de responder esto, tendríamos que considerar nuestros hábitos alimenticios y hasta los dinámicos. 

Somos un país que hasta vacila o bromea con su consumo alimenticio con la Vitamina T: Tortas, tortillas, tacos, tepache, tlapehue y sus derivados. Agreguemos los jochos y hamburguesas así como las comidas rápidas que bien no podrían ser tan dañinos estos alimentos si hiciéramos rutinas diarias de ejercicio de entre una o tres horas… Sin extendernos, vamos a otro punto: ¿cuánto invierte o ha invertido en su salud en lo que va de este año? ¡Ojo! porque no es lo mismo un chequeo, que acudir al doctor por estar enfermo; o comprar vitaminas para reforzar el sistema inmune que comprar medicina para restablecer el sistema inmune… 

Ahora con la pandemia, ¿cuánto invierte en la prevención o si ya se enfermó, cuánto gastó en el tratamiento? 

El negocio de la salud al final es increíble… pero créalo que los primeros en engrosar su bolsillo somos nosotros… ya no se trata de correr, pero quizá sí caminar distancias suficientes que además de generar ejercicio y quema de calorías, conllevan a la reflexión y a la observación. 

Qué diferente sería acudir al médico como una forma de revisión, similar a la que se le hace anualmente al carro, hacerle unos ajustes propios del tiempo de uso, que ir al galeno porque deterioramos nuestros pulmones con puros y cigarros; o nuestro hígado con exceso de grasas y ácidos… 

Hoy, con la pandemia, el negocio es enfermarse… a veces parece inevitable, pero hagamos lo posible por no enriquecer a las farmacéuticas… así que cuando tome una taza de café, piense en la trampa del pancito que puede convertirse en panzota… o si sueña que está en el baño ¡despierte inmediatamente! 

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