Romero Deschamps, otro líder corrupto al que López Obrador deja ir

Deschamps
Andrés Manuel López Obrador; Carlos Romero Deschamps FOTO: ESPECIAL
- en Opinión
*Denuncias por corrupción, desoídas por el presidente y por el fiscal Alejandro Gertz
*Enésima burla al gremio, en plena celebración de la Expropiación Petrolera
*La cúpula nacional y los líderes seccionales, inamovibles e impunes
*La mafia petrolera, aliada de Morena en las elecciones de 2016, 2017 y 2018 en Veracruz

Mussio Cárdenas Arellano / Voraz e insaciable, Carlos Antonio Romero Deschamps deja el sindicato petrolero sin enfrentar la ley, acusado de malversar millones, de enriquecerse de manera brutal, copartícipe en el saqueo y en la debacle de Pemex, sin que la justicia lo pueda alcanzar. Otro líder corrupto al que Andrés Manuel López Obrador deja ir.

Ícono de la corrupción, protagonista del Pemexgate que Trianguló recursos de la entonces paraestatal al PRI a través del sindicato petrolero, Romero Deschamps se va intocado por la Cuarta Transformación, el ariete obradorista que sirve para embestir y asediar a los enemigos del presidente y  que a la par consiente y solapa a los aliados, visibles o soterrados, de Morena y Andrés Manuel.

Tras 62 años en la nómina de Petróleos Mexicanos, la mayor parte sin dar golpe, gozando de comisión sindical, Romero Deschamps tomó la salida airosa de cesar su relación laboral con la empresa petrolera, un ardid fraguado en Palacio Nacional ante el incumplimiento de la palabra presidencial de limpiar al Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) y fincarle responsabilidades penales a sus líderes.

Desde el púlpito presidencial —la conferencia mañanera—, López Obrador reveló el martes 16 que Carlos Romero Deschamps había decidido separarse de Pemex y por ende dejar la vida sindical. Horas después, la dirigencia sindical confirmó la versión.

A dos días del aniversario 82 de la Expropiación Petrolera, López Obrador mostró la cabeza de Romero Deschamps como trofeo de caza pero dejó inmune al líder petrolero de las decenas de denuncias penales y administrativas que en los gobiernos priistas, panistas y ahora obradoristas se le han fincado.

En el trasfondo hay más. De palabra, López Obrador ha sido un furibundo crítico de la corrupción sindical petrolera, del enriquecimiento de sus líderes y del control que por años ejercieron en el gremio, conformando un voto corporativo que permitió al PRI entronizarse en el poder. Pero fuera de eso, nada.

En los hechos, López Obrador y Morena son beneficiarios del voto petrolero en zonas específicas, derivado de pactos con líderes seccionales que pregonan su compromiso con el PRI y en las urnas operan y dirigen el sufragio para el proyecto morenista. Así ocurrió en las elecciones para diputados locales en Veracruz, en 2016, en las municipales en 2017 y en las presidenciales, locales, federales y de gobernador en 2018.

Fue un pacto que a Romero Deschamps le garantiza la complicidad de López Obrador.

UIF le congeló cuentas, FGR activó dos denuncias y el líder se quebró

A mitad de 2019, la renuencia de Romero Deschamps a irse, se quebró. Sintió el primer llamado, comedido y diplomático, a retirarse. La Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda investigó sus cuentas bancarias hallando serias discrepancias entre su salario en Pemex —24 mil pesos mensuales— y las propiedades que posee dentro y fuera de México, una mansión de recreo en Cancún, Quintana Roo, en la riviera maya mexicana, un lujoso yate “El Indomable”, diversas residencias en otras entidades y un derroche descomunal, tales el dinero dilapidado en casinos de Las Vegas y reloj de oro de 18 kilates de la marca Audemars Piguet, así como discrepancias en multimillonarios depósitos bancarios.

Con ese bagaje, la UIF determinó proceder bajo cargos de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero.

Simultáneamente, la Fiscalía General de la República había dado entrada a denuncias formuladas por un sector de la disidencia, encabezada por el doctor Miguel Arturo Flores Contreras, cabeza de Petroleros Activos en Evolución (PAE), de la Sección 1 de Ciudad Madero, Tamaulipas.

La FGR encontró elementos para proceder por delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita, defraudación fiscal, fraude, enriquecimiento ilícito, extorsión y los que se acumulen.

Las denuncias procedían de otros sexenios. Ni el gobierno del panista Felipe Calderón ni el del priista Enrique Peña Nieto movieron un dedo contra Romero Deschamps, quien alternaba su condición de líder máximo del sindicato petrolero, cargo que ejerció por 27 años, con la senaduría y diputaciones federales que le concedía el PRI por la vía plurinominal con la única intención de gozar de fuero para evadir la ley.

Arturo Flores, dirigente de PAE, en un recuento de las tropelías de Romero Deschamps, destacó que el fraude al gremio petrolero es de 150 millones de dólares, unos 3 mil millones de pesos, entre bienes inmuebles, 126 tiendas, 26 fábricas, 60 mil hectáreas de tierra para el pastoreo del ganado, propiedad del STPRM y que los que los líderes nacionales y de las 35 secciones petroleras usaban como propiedad particular.

Nada, sin embargo, avanzó.

El 16 de octubre de 2019, Romero Deschamps inició la retirada. Sentía el asedió de la UIF y la FGR. Ese día anunció su renuncia a la secretaría general de STPRM.

Se fue de palabra. Su mafia permaneció. Lo cubrió Manuel Limón, secretario del Interior, de manera interina, pero se advirtió que Romero Deschamps no tenía suplente. Fue “electo” por el pleno de secretarios seccionales sin apego al estatuto, lo que le dio carácter de ilegal a su gestión.

El estatuto señala que ante la renuncia del líder máximo, debió asumir su suplente y si éste no estuviera en condiciones o rechazara el cargo, el sustituto sería el secretario del Interior. Manuel Limón debió convocar a una nueva elección en un plazo de 90 días. Tampoco ocurrió.

Así, Carlos Romero Deschamps continúo siendo el mandamás del STPRM a trasmano. Y la impunidad no cesó, aún en el sexenio de López Obrador.

Vio morir y alejarse a otros líderes petroleros

Romero Deschamps vio extinguirse el poder de Sebastián Guzmán Cabrera, último líder fuerte de la zona sur, al que Carlos Salinas de Gortari rehabilitó, extrajo de la jubilación y lo encumbró a la secretaría general del comité nacional tras en “quinazo” del 10 de enero de 1989.

Joaquín Hernández Galicia, La Quina, permanecería casi una década en prisión, en 1997, acusado de acopio de armas, que le fueron sembradas, pero no se le procesó por delitos reales como el saqueo a los bienes del sindicato, malversación del dinero y las cuentas bancarias y uno muy particular: el slop oil, el tráfico de residuos de petróleo que Pemex entregaba a una empresa afín a Hernández Galicia y que eran comercializados en el extranjero.

Aquello no eran residuos; era petróleo puro. La Quina y su mafia traficaban petróleo fuera de México con el beneplácito del gobierno priista hasta que el procurador general de la República, Sergio García Ramírez, previo estudio químico, determinó que el contrato debía ser cancelado por tratarse de fragmentos de crudo.

El quinismo se extinguía pero la mafia petrolera no. Otros líderes seccionales a los que La Quina sometió, mantuvo a raya y le sirvieron, fueron alineados con el gobierno salinista, usados y amedrentados para controlar al gremio petrolero.

Unos se encumbraron, ganaron espacios políticos, bajo la condición de permitir el desmantelamiento de Pemex, la creación de subsidiarias y filiales, la entrega de áreas estratégicas al capital privado.

Y mientras Romero Deschamps se agazapó, sus contrapartes en las secciones sindicales murieron de viejos, de fastidio o por acciones violentas.

En el sur se fueron Chico Balderas, de la Sección 11 de Nanchital; Onésimo Escobar, de la 26 de Las Choapas; Roberto Ricárdez, de la 22 de Agua Dulce; José Vasconcelos Morales, de la 31 de Coatzacoalcos.

Otros se agotaron con el tiempo: Arturo Pola Vera, de la 16 de Cuichapa, municipio de Moloacán; Pablo Pavón Vinales y Wilfrido Martínez, de la 10 de Minatitlán, y Carlos Vasconcelos Guevara, de la 31 de Coatzacoalcos, detenido por el Ejército tras el quinazo, trasladado a la Ciudad de México, apretado y obligado a alejarse del STPRM.

Romero Deschamps vio en la cárcel y luego morir a Salvador Barragán Camacho y a José Sosa Martínez, ambos líderes nacionales del gremio petrolero, títeres de La Quina, uno con sus extravagancias y francachelas, viajes a Las Vegas en aviones fletados, derrochando los fondos del STPRM y jugando en las mesas de los casinos, cuales jeques árabes, lo que le arrancaban a Pemex; el otro, Sosa, convertido en un convidado de piedra, despersonalizado, con su carácter agrio y sus frustraciones.

Antes, Romero Deschamps había visto morir a Heriberto Kehoe —kijo— Vincent y Oscar Torres Pancardo, líderes de la Sección 30, asesinados en diferentes eventos en Poza Rica, Veracruz.

Al Güero Kehoe lo abordó un trabajador petrolero, Antonio Madrigal —hay versiones que apuntan que se trató de un gatillero a sueldo— y le vació el arma, ultimando al líder nacional del STPRM cuando apenas comenzaba a ejercer el cargo. Antonio Madrigal fue abatido en ese momento. Era el 28 de febrero de 1977.

Torres Pancardo, quien había sustituido a Kehoe Vincent en la dirigencia nacional y luego regresó al liderazgo de la Sección 30, murió en un extraño accidente automovilístico en las cercanías de Poza Rica. Mal herido, salió volando del vehículo tras el impacto. Su chofer, Noé Cruz, tomó un arma y se suicidó.

Siendo un líder de segunda fila, golpeador despiadado en la Sección 34 de la Ciudad de México, Romero Deschamps fue un lacayo del líder real del STPRM, Joaquín Hernández Galicia, cuya fachada era negociar con Pemex beneficios para el gremio mientras los grandes negocios, como fue que el 20 por ciento de las inversiones de Pemex debían ser otorgadas a la Comisión Nacional de Contratos, que únicamente se dedicaba a triangular y obtener altísimas ganancias.

Hasta entonces era un líder menor. Pero el monstruo sólo dormía.

Cuando Sebastián Guzmán Cabrera, el nuevo líder del STPRM tras el encarcelamiento de La Quina y su banda, agotó su tiempo y pasó a jubilación, llegó el tiempo de Carlos Romero Deschamps.

Asumió la secretaría general del STPRM el 22 de junio de 1993 y permaneció en el cargo casi 27 años, con elecciones fraudulentas, sin apegarse a la ley, cobijado por todos, gobiernos priistas, panistas y ahora por Andrés Manuel López Obrador.

Pemexgate: triangulando recursos de Pemex al PRI, vía el STPRM

Tras la elección presidencial de 2000, apenas llegado al poder el panista Vicente Fox Quezada, el nombre de Romero Deschamps retumbó en el escenario nacional. Y no por un acierto sino por un acto de corrupción.

Vía el STPRM, Pemex había triangulado mil 500 millones de pesos que fueron a parar a las arcas del PRI, recursos usados para la campaña presidencial de Francisco Labastida Ochoa.

Una vez descubierta la maniobra por la Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo, hoy Secretaría de la Función Pública, se le denominó Pemexgate.

Pemex remitió los mil 500 millones de pesos al STPRM con la promesa de que le serían devueltos en términos de su relación contractual. El sindicato petrolero, a su vez, los entregó como aportación para la campaña priista mediante retiros bancarios que realizaban 12 personas acreditadas por el STPRM ante las instituciones bancarias.

La investigación fue un escándalo. Por primera vez había evidencia sólida del desvío de recursos de un organismo de gobierno al PRI.

Implicados junto con Romero Deschamps aparecían su lugarteniente, Ricardo Aldana Prieto, originario de Poza Rica y un tiempo avecindado en Coatzacoalcos, quien entonces controlaba la construcción de casas de nivel medio para petroleros. Fue quien en calidad de tesorero del STPRM expidió los nombramientos a los encargados de retirar los retiros bancarios y remitirlos al PRI.

Del escándalo emergieron manchados pero encubiertos. Se acreditó el desvío de recursos, pero el encubrimiento fue escandaloso. Nadie pagó por ello. Oficialmente, nada fue ilegal; todo fue inmoral.

La exéntrica vida de los hijos de romero Deschamps

La vida excéntrica de los hijos de Romero Deschamps es tal que hasta los perritos de Paulina Romero Durán se dan, literalmente, vida de sultán.

Ella sube a las redes sociales fotografías de viajes a Medio Oriente. Se disfraza de árabe. Muestra los hoteles en los que se hospeda y hasta las imágenes de la habitación de lujo rentada… para sus perritos.

Otra ocasión se le ve en el interior de un avión particular. Y en ella, su padre, Carlos Romero Deschamps.

Una más, exhibiendo su lujoso departamento de 100 millones de pesos en Miami, Florida, Estados Unidos.

Al hijo del ex líder petrolero, José Carlos Romero Durán, le gusta presumir carros de lujo. Uno de ellos fue un Ferrari Enzo, de los que la fábrica sólo construyó 399 entre 2002 y 2004. Su valor era de 2 millones de dólares, entonces 25 millones de pesos y hoy más de 40 millones.

El voto petrolero para morena

Entre Andrés Manuel López Obrador y Carlos Romero Deschamps hay secretos inconfesables. Algunos de ellos son de tipo electoral. En tierra petrolera, donde los líderes mandan, el voto del gremio va para Morena, el partido de Andrés Manuel.

Así ocurrió en Veracruz en 2016, cuando el gremio petrolero cargó su voto para candidatos morenistas en Coatzacoalcos, Minatitlán, Las Choapas, Agua Dulce y Poza Rica, llevando al Congreso estatal a legisladores de Morena.

El mismo escenario se dio un año después, en 2017, cuando el líder de la Sección 10 de Minatitlán, Jorge Wade González, ordenó el voto petrolero a favor del candidato de Morena a la presidencia municipal, Nicolás Reyes Álvarez, cuyo posicionamiento electoral era ínfimo y sería una proeza ganar la elección.

Solo Morena no lo habría logrado. Con el voto de la Sección 10 del STPRM, sí.

En 2018, siendo elección de presidente de la República, gobernador de Veracruz, diputados federales y locales, las secciones petroleras desarrollaron un voto corporativo que, junto al Efecto Peje, apuntaló a Morena, a López Obrador, a los candidatos a legisladores federales y locales a obtener un votación demoledora.

Bajo esa dinámica se mueve López Obrador. Su aliado inconfesable es Carlos Romero Deschamps, un líder corrupto al que insta a renunciar a la dirigencia nacional del STPRM, primero, y a pasar a retiro, después.

No le aplica la ley. No devuelve lo robado. Sólo lo deja ir.

De ahí, la tibieza de López Obrador hacia Romero Deschamps. Lo electoral, la burla a la ley, son capítulos de un pacto de impunidad.

Son sus secretos, sus arreglos, su complicidad.

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