La Conquista y el Penacho de Moctezuma

Conquista
La conquista de México FOTO: WEB
- en Opinión

Jorge Flores Martínez / A principios del siglo XVI ya se tenían noticias en España de la existencia en estas tierras mexicanas de pueblos muy ricos en oro y otros metales preciosos, con la finalidad de regular el comercio con las Indias Occidentales se creó la Casa de Contratación, preludio innegable de nuestro origen neoliberal.

No hay que olvidar que por esos años el almirante y gobernador de las Islas del Caribe era el hijo de Cristóbal Colon, el joven Diego Colón y Moniz Perestrello, el cual no era muy querido por los reyes por su muy mala administración, por lo que realmente era Diego Velázquez el gobernador de la Isla Fernandina, hoy Cuba, el que daba las ordenes y el mero mandamás.

Claro, como la colonización de las islas del Caribe se basaban en las encomiendas y estas habían ocasionado que la población nativa fuera diezmada por las enfermedades y la no muy amigable forma de los encomendedores de hacerse cargo de la población indígena, fue que estos no veían los días para irse a ver qué había pasandito Cuba.

El gobernador Velázquez pagó un bergantín y otros socios compraron dos naos, tramitaron todos los permisos necesarios para realizar el viaje. Zarparon del Puerto de Santiago las tres embarcaciones con un poco más de cien hombres dispuestos y puestos a la aventura.

Su primera escala la hacen en Isla Mujeres en los primeros días de marzo de 1517, se puede decir que son los primeros “spring breakers” de la historia. Fueron recibidos amigablemente por los indígenas y el capitán Hernández de Córdoba tomó posesión formal del nuevo territorio en nombre del rey. Los aborígenes alegres de contento los invitaron tierra adentro donde fueron emboscados y el mismo capitán tuvo que dar la orden de regresar a las embarcaciones en súper friega antes que les dieran con todo los no tan amigables indígenas, que, por lo menos, ya sabían que eran bien canijos.

Ya repuestos del relajito en Isla Mujeres, los aventureros decidieron ir un poco más lejos, hasta Can Pech. Ahí tuvieron otra vez contacto con los indígenas que los invitaron a ir a su poblado y visitar sus ruinas, que por aquellos años no eran tan ruinas. Ahí los españoles vieron que las paredes y escaleras de sus bonitas pirámides estaban manchadas con sangre de algún sacrificio humano y el Sacerdote bien buena onda les dijo que se fueran o se armarían la de Coatlicue es madre. Por lo que el capitán otra vez le dijo a sus hombres que el último que llegara al barco le tocaba levar anclas.

Al regresar a la Isla Fernandina, hoy Cuba, le platicaron todo a Diego Velázquez y confirmaron que años antes se habían quedado un par de españoles sobrevivientes de un naufragio en 1511, y que por lo que les habían dicho los indígenas, había un imperio bien canijo que tenia harto oro y no dudo ni un instante Velázquez en organizar otra expedición a esas amigables y bellas tierras.

En 1518 salió la expedición, ahora con Juan de Grijalva, Francisco de Montejo y Pedro de Alvarado. Llegaron a la isla de Cozumel, encontraron a dos ancianos nativos y una mujer de edad mediana que resultó era de Jamaica. La pobre jamaiquina había llegado arrastrada por las fuertes corrientes del canal de Yucatán en compañía de otros diez que ya habían sido testigos de hospitalidad de los locales al ser sacrificados a los dioses mayas.

Días más tarde siguieron su travesía hasta lo que ahora es Tabasco, donde estaban los mayas Chontales, ahí le pusieron el nombre al río Grijalva y desembarcaron alegremente para entrevistarse con el cacique Tabscoob, y preguntarle como le hacían para ir a la ciudad del temido Huey Tlatoani. Le siguieron dando un poco más, llegaron a la desembocadura del río Papaloapan y Alvarado le dijo a Grijalva que en unos años ese lugar estaría poblado con personas que serían reconocidas por su fino y elegante uso de la lengua de Castilla.

Decidieron continuar su viaje, cada vez veían mas poblados y actividad en la costa. En los primeros días de junio llegaron a una bella isla donde encontraron varios cuerpos de indígenas sacrificados, y para no seguir peleando con los nombres de los lugares que iban descubriendo, decidieron llamarla Isla de Sacrificios, a lo que toda la tripulación estuvo de acuerdo, ya estaban cansados de ponerle nombres mamilas a todo lo que veían a su paso.

Se quedaron felizmente en estas tierras veracruzanas hasta que llegaron los embajadores del mero mero Huey Tlatoani Moctezuma Xocotitzin. En ese momento se dieron cuenta que los Aztecas eran los mandamás de la región y eran realmente muy temidos y muy odiados por todos sus vecinos sometidos. También cayeron en cuenta Grijalva y Alvarado que habían ocupado sus nombres a lo tonto, lo mejor del cuento estaba por venir.

La semana próxima le sigo con la siguiente parte, ahí es donde aparece nuestro amigo Hernán Cortés y por fin les dicen como llegar a la gran Tenochtitlan. Por lo visto en estas tierras siempre hemos sufrido con mala señalización en nuestros caminos.

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