La Ciudad Post Covid

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La Ciudad Post Covid FOTO: WEB
- en Opinión

Jorge Flores Martínez/ La historia de la humanidad ha sido un constante caminar, desde el mismo momento que como especie nos erguirnos y fuimos capaces de ver un poco más lejos, nos dimos a la tarea de preguntarnos qué había más allá del horizonte. Esa capacidad de ver, de preguntarnos todo, fue la que nos ha colocado donde hoy nos encontramos.

Primero fue descubrir que golpeando piedras obteníamos herramientas, que nos permitieron enfrentar un medio siempre hostil. Esta fue nuestra primera revolución intelectual. La segunda revolución ocurrió miles de años después, la invención de la agricultura. Nuestro cerebro, ese gran compañero evolutivo, fue capaz de descifrar un misterio de la naturaleza, las semillas de las plantas contenían la garantía para alimentarnos como especie.

Como resultado de esta segunda revolución se desprenden otras, cada una de ellas más compleja y arriesgada; la domesticación de otras especies animales, el sentido del significado en los objetos, la idea de la vida después de la muerte, y el mayor invento de la humanidad, la ciudad.

De la ciudad se desprenden ideas maravillosas, su misma complejidad ya no permitía soluciones sencillas, hace miles de años lo aprendimos, el concepto de ciudad es tan extraordinariamente complejo que la humanidad se vio obligada a cambiar para siempre sus paradigmas mentales sencillos y se adaptó a un pensamiento cada vez más sofisticado.

Del pensamiento complejo resultó el concepto de gobierno, la religión como poder, la especialización de la mano de obra, el arte como símbolos y significados y el comercio. De la necesidad de comerciar, el resultado fue: contar las existencias y cobrar impuestos. La humanidad desarrolla dos abstracciones de la realidad, la escritura y las matemáticas. Estos cambios fueron muy lentos, miles de años entre cada uno y nos todas las sociedades lo hicieron al mismo tiempo.

Fue después de mucho tiempo que una gran cultura, la griega, que caminamos un poco más allá del pensamiento mágico religioso e intentamos comprender la realidad. Los primeros trazos del conocimiento científico se empezaban a descifrar, la naturaleza era posible comprenderla, como evidencia aún conservamos una idea tan revolucionaria como es el concepto intelectual del “átomo”.

En este caminar incesante de la humanidad, muchas veces nos extraviamos y perdemos el camino, olvidamos lo que recorrimos y nos enfrentamos al miedo y la oscuridad al perder la esperanza en el futuro. Eso ya nos pasó, y fue justamente el renacimiento italiano el punto de inflexión donde otra vez nos encontramos con nuestro camino como humanidad. El hombre y no Dios, era el centro de todo. Una idea extraordinaria, producto del pensamiento complejo que resultó de esa, ya milenaria, idea de Ciudad.

Después del Renacimiento las ideas se intercambiaron mucho más rápidamente, el comercio y la cultura eran incesantes. Consideremos por un instante que en el siglo XVI Europa aún permanecía medieval, y presos de ese marco mental, es que llegaron a un continente nuevo para ellos, América.

Un par de siglos después, no satisfechos con ser el centro de todo, es que decidimos culturalmente matar a Dios. Llegó la Ilustración, la era del conocimiento y la racionalidad como nuestro camino en ese caminar milenario. El resultado de esta racionalidad es la tercera revolución de la humanidad, por primera vez fuimos capaces de sustituir la fuerza animal, esa compañera de siempre, y la transformamos en portentosas máquinas.

Desde la invención de la ciudad hasta la revolución industrial nuestras ciudades permanecieron prácticamente inalteradas, un habitante de Mesopotamia podría recorrer una ciudad del siglo XVIII sin sorprenderse, eran lo mismo, la ciudad alrededor del templo y el poder.

La revolución industrial transformó la ciudad de forma más que exitosa, de unas pocas ciudades de unas cuantas decenas de miles de habitantes a megalópolis de millones y millones de habitantes hoy en día. Del templo y las agujas de las catedrales góticas a las enormes chimeneas, y a los ahora aún más grandes, templos del dinero y el comercio.

Ha sido incesante nuestro caminar, desde el momento que un pequeño simio decidió pararse sobre sus pies para ver un poco más lejos en el horizonte hasta el día de hoy, han pasado momentos extraordinarios y épocas luminosas, otras han sido de angustia, incertidumbre y miedo. Los cambios siempre son difíciles, requieren de toda nuestra capacidad como especie para enfrentarlos con éxito.

Ahora nos enfrentamos con otra gran transformación cultural y tecnológica, no se trata de la pandemia, la transformación de la humanidad ya mostraba signos claros del cambio antes que se presentara el virus. Es otra vez la tecnología la que nos obliga a cambiar, es el mundo de la virtualidad y la información absoluta la que nos expone otra vez como especie a transformarnos, es por eso que tenemos miedo, mucho miedo.

Por primera vez en la historia tenemos acceso a todo el conocimiento de la humanidad a través de unos pequeños artilugios tecnológicos que llamamos teléfonos celulares, hay miles de millones de estos en todo el mundo, prácticamente todos tenemos uno. Somos capaces de descifrar el universo hasta una mil millonésima de segundo después de su creación, podemos ver estrellas que se encuentran a miles de millones de años luz, desciframos el código genético y clonamos otras especies a nuestro antojo y gusto.

Puede ser que haya hambre, pero nunca en la historia nuestra especie había estado mejor alimentada y sana. Vivimos en promedio muchos años más que hace apenas unas décadas. Seguramente en unos años encontraremos la cura a enfermedades terribles; estamos en pleno cambio energético, dejaremos los combustibles de la revolución industrial y haremos uso de otras fuentes de energía mucho más limpias; hemos sido capaces de crear prosperidad como nunca antes, tanto que solo es que hasta el día de hoy estamos planteándonos de forma racional como distribuirla mejor.

Todo estos cambios de los que somos testigos en las ultimas décadas, son muchas veces mayores a todo el conocimiento acumulado en miles de años de historia humana, pero aún así, tenemos miedo, mucho miedo.

Es ingenuo pensar que estos cambios no van a transformar nuestras ciudades, lo harán y serán totales. De las tres revoluciones anteriores de la humanidad, esta es la primera en el que como centro está la ciudad y sus habitantes, es una revolución eminentemente urbana.

La revolución actual inició tímidamente en el ultimo cuarto del siglo pasado, en esos años no era posible ser conscientes de las profundas transformaciones que implicaban para la humanidad, observábamos como espectadores ajenos cada pequeño avance tecnológico. Nuestra reacción primaria, como pequeños simios evolucionados, fue la de sorpresa, después llegó la incertidumbre, para estar ahora en el miedo. Calentamiento global, contaminación planetaria, explosión demográfica, el fin de la humanidad. No hay futuro, no tenemos dioses que nos protejan y somos, por primera vez desde el renacimiento, escépticos de nuestro mayor logro como especie, la ciencia. Perdimos la esperanza en el futuro.

Siento desilusionarlos, el futuro ahí esta, no es la primera vez que la humanidad se encuentra desesperanzada, es tan solo la primera vez que como especie humana en el mismo momento histórico todos estamos desesperanzados. Nos tiene atormentados la incertidumbre de cómo resultará todo, pero les aseguro que todo saldrá bien, es más, todo estará mejor que nunca antes.

La ciudades las debemos reconsiderar, en par de años, cuando pase el miedo, tendremos que plantear la ciudad del siglo XXI. Una que sea mas limpia y comprometida con su entorno. Ciudades más públicas y de todos, incluyentes y accesibles.

Ciudades para personas de la tercera edad, la población mundial esta iniciando un cambio demográfico extraordinario, América Latina tendrá su pico poblacional en 30 años y de ahí se espera una lenta pero sostenida disminución, por ejemplo, nuestro país en el 2050 contará con unos 160 millones de habitantes y al final del siglo un poco menos de 130 millones de hoy día.

Este cambio demográfico ya lo están manifestando en la actualidad unos pocos países, se trata enormes transformaciones en todo sentido: sociales, sanitarias, económicas, políticas y urbanas. La presión sobre el suelo de la ciudad tiende a disminuir; la población envejece; la economía y el consumo se ralentelizan; la salud enfrenta nuevos retos, ahora ya no son las condiciones de maternidad e infancia las prioritarias, se trata de enfermedades crónicas propias de la vejez. Todo lo anterior con la ciudad como escenario del cambio.

Estoy convencido que las ciudades serán mejores, más limpias y sustentables, la tecnología y la virtualidad estarán con nosotros y muchos de los retos actuales se verán superados por otros, claro, estos serán cada vez más complejos, después de todo de eso trata el progreso, mayor complejidad y sofisticación.

Las llamaremos ciudades PostCovid porque esta pandemia dejó al descubierto los elementos distractores que impedían ver la enorme transformación que la humanidad ya manifestaba, pero la transformación y el cambio ya estaban con nosotros desde hace tiempo, es más, solo se trata de nuestro milenario caminar por este pedazo de rocas que llamamos planeta tierra.

Los invito a no tener miedo, entiendo que es nuestra reacción primaria, nuestro instinto como simios temerosos que somos, pero les recuerdo que nuestra especie es extraordinaria, somos increíblemente inteligentes y adaptables, nosotros construimos el futuro, lo hemos hecho desde que el primer hombre, hace miles de años, se paró en sus pies y se preguntó qué habrá más allá del horizonte.

Vamos a imaginarnos la ciudad, una incluyente y verdaderamente humana. Vamos a preguntarnos qué sustituirá lo que tenemos en este momento, de qué forma la tecnología cambiará el concepto de ciudad y ciudadano, cómo interactuaremos, de

qué forma nos deberemos transportar y cómo, la pregunta más confusa, debemos convivir pacíficamente en ciudades cada día más sofisticadas.

Los cambios en la humanidad solían tardar miles de años, el último tan solo nos llevó un par de cientos de años, este, les aseguro, solo tomará unas cuantas décadas. Vamos a imaginarnos la nueva ciudad, empecemos ya, dejemos el miedo atrás y vamos a construir el futuro, ya no hay tiempo que perder.

Vamos a seguir caminando, lo hemos hecho por miles de años, realmente somos muy buenos en eso.

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