Mi primer caso de covid-19

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- en Opinión

Iván Daniel Montero García / Afortunadamente en estos primeros meses del 2020 ningún familiar ha sufrido las graves consecuencias del Coronavirus, excepto algunos que han tenido síntomas pero que han podido permanecer en casa sin mayores problemas.

Desafortunadamente sí conozco un caso cercano que llegó a las últimas instancias, a esa temida UCI, la unidad de cuidados intensivos.

Mi pasión por el fútbol me ha llevado a pertenecer a un equipo amateur aquí en Barcelona formado por amigos, conocidos y amigos de conocidos que se juntan para dar unos toques a la pelota.

Pues por ahí de mediados de abril notamos que, en el grupo de WhatsApp de este equipo, donde dirimimos estrategias, diferencias y memes sobre fútbol –además de avisar la hora y el oponente de los juegos de martes y jueves– uno de los más activos a la hora de opinar y mandar multimedia se encontraba digitalmente desaparecido.

Era nuestro portero titular, quien tenía días ya sin comentar o mandar fotos y videos. Todavía antes de notar su ausencia recordé en ese grupo de WA nuestro último partido un martes 10 de marzo, 4 días antes de que el Gobierno de España ordenara uno de los confinamientos más severos a nivel mundial.

En aquel partido íbamos perdiendo contra uno de los peores equipos (ellos habían quedado penúltimos en la liga pasada y nosotros terceros de 12) y por goleada. 5 – 1 era el marcador a falta de uno o dos minutos para terminar el juego. Frustrados unos y envalentonados los otros, era la tormenta perfecta para que con cualquier choque ríspido de esos que se dan en todo momento en el fútbol amateur, se formara una “Cámara Húngara”.

Y así fue. Balón dividido y en un abrir y cerrar de ojos, las bancas se habían vaciado. Palmas de las manos en el rostro para separar; antebrazos en el cuello con intención de apartar, pero al mismo tiempo lastimar; gritos e insultos cara a cara; jaloneos; piquetes de ojos; uno que otro puñetazo y patada. Al recordar ese momento ironicé que, si uno de los ahí presentes hubiera tenido el virus, ahora lo tendríamos todos.

Nuestro portero no comentó nada y se prendieron las alarmas. Quien lo había invitado al equipo contactó con su esposa y confirmó lo peor. Tenía días intubado en la UCI de un hospital privado.

A simple vista parece un hombre sano, de alrededor de 45 años, hacía deporte casi todos los días y nunca comentó que tuviera alguna enfermedad crónica.

Hace unos días cuando todo volvió a la (nueva) normalidad y también regresó la apertura de espacios al aire libre para hacer deporte, y por ende aquel torneo que dejamos inconcluso, allí nuestro portero nos contó su peregrinaje al lado del Coronavirus.

Para empezar, dice que comenzó a sentir que no podía respirar por lo que haciendo caso a las indicaciones del gobierno llamó al 061 (el número de emergencias sanitarias en España) y quien contestaba era un enfermero, o así se autodenominaba, que le decía que por el momento todos los hospitales públicos se encontraban saturados que por favor si no se sentía “muy mal” permaneciera en su casa y que en cuanto tuviera sitio le regresaría la llamada.

Así fue empeorando su condición día con día, llamada tras llamada, que nunca le devolvieron para poder visitar un nosocomio. Mientras escuchábamos, muchos pensamos en las residencias de ancianos donde ahora salen a la luz denuncias de algunos de los encargados de estos sitios quienes llamaban al 061 y nunca les regresaron la llamada, dejando a los adultos mayores a su suerte.

Nuestro guardameta continuó narrando los hechos. En algún momento de lucidez –porque al no poder respirar llega menos oxigeno al cerebro y cuesta más pensar– decidió dejar de insistir al 061 y mejor dirigirse a la clínica del seguro privado que tenía contratado por su trabajo.

Al llegar, lo sentaron en una butaca de la sala de espera y le dieron una mascarilla conectado a un tanque de oxígeno, conforme pasaron las horas su capacidad pulmonar era menor y la mascarilla, en conjunto con el tanque, más grande.

En algún momento, lo pasaron a una habitación con una máquina de respirar del tamaño del camastro, ahí dice que lo último que recuerda fue al doctor en turno diciéndole mutatis mutandis “te tenemos que intubar, no vas a sentir nada, despídete por WhatsApp de tu familia y dame el móvil”. Lo mismo le dijeron a su esposa “está intubado, si muere, no sentirá dolor”.

En la UCI estuvo 17 días, cuando despertó no recordaba ya no cómo llegó ahí, ni siquiera que estuviera enfermo. Los médicos le explicaron que ante la falta de oxigeno el cerebro deja de funcionar al cien por ciento y por ello perdió ciertos recuerdos.

Felizmente y con una que otra broma entre medio recuerda este suceso, ahora dice que debe volver a hacer ejercicio poco a poco para recuperar su capacidad pulmonar. Al respirar artificialmente, los doctores le dijeron que sus pulmones se hicieron pequeños y el objetivo es que vuelvan a su tamaño anterior.

Todavía no sabe qué otros efectos le traerá el Coronavirus, no lo sabe porque los sanitarios no lo saben con certeza tampoco.

En los últimos días han vuelto los brotes de Coronavirus por todas las latitudes de España. De acuerdo al gobierno estatal, a los autonómicos y locales, esos rebrotes están bajo control, por lo que solo han confinado específicamente a la zonas o regiones donde sucede.

Del mismo modo, hace unos meses las autoridades sanitarias ibéricas aseguraban que el uso de mascarillas era irrelevante, ahora es obligatorio. Por ahora, el barbijo se ha vuelto por ley inevitable en toda Catalunya, en todo momento, tanto en el interior como en el exterior, también en otras urbes importantes. Con un verano que roza temperaturas mayores a los 30 grados centígrados incluso en otros sitios como Andalucía hasta 40, la mascarilla es un accesorio difícil de usar.

Nuestro portero no sabe cómo o dónde se pudo haber contagiado, si fue en aquel último partido o trabajando durante la cuarentena, pero mientras trata de resolver ese rompecabezas, se escuchan rumores de un nuevo confinamiento por la falta de civismo e higiene; por la carencia de vacuna, medicinas y tratamientos en contra del Coronavirus; sin embargo, otros aseveran que la economía no se puede permitir otro cierre como el que acabamos de pasar.

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