No regresaría a México ni aunque me pagarán

México
Migrantes en México FOTO: WEB
- en Opinión

Iván Daniel Montero García / Hace unos meses en las elecciones generales –las que se podrían comparar con las presidenciales en México– España eligió el camino de la izquierda para que gobernará los próximos 4 años.

Pero lo que también acaparó la atención fue que un recién formado partido político llamado VOX, de extrema derecha, quedó como la tercera fuerza electoral del país ibérico.

Algunos ven como normal o bueno que todo tipo de corrientes políticas puedan ser representadas, pero no sé qué tan bueno o normal sea, que la tercera fuerza de un país tenga posiciones políticas retrogradas a los derechos humanos, anti inmigrantes –que rozan el racismo– o mayor uso de la fuerza policial.

La escalada de este partido se debe a que cada día crece el descontento de los ciudadanos por la falta de oportunidades, que no alcanza el dinero para llegar a fin de mes, la precarización del empleo, etc. Tanto VOX como Trump o Le Pen en Francia, tienen a sus principales culpables a los migrantes.

En España la mayoría de la inmigración viene del norte de África, especialmente de Marruecos, también de oriente próximo, y de países de Latinoamérica como Ecuador, Perú o Colombia. De igual manera, vive mucho ciudadano alemán que tiene su segunda casa en las paradisiacas playas de las Islas Baleares (Mallorca, Menorca, Ibiza), o los ingleses en la Costa Blanca y parte de Andalucía, pero a ellos se les mira diferente que a los primeramente mencionados en este párrafo.

Los dirigentes de VOX critican, por ejemplo, a un argelino si va por la calle hablando árabe porque no ha aprendido castellano y así no se puede integrar, pero no reprochan que en Mallorca la señalética de la ciudad esté en español, mallorquín y alemán para mejor comprensión de los visitantes germánicos.

Podemos pensar que esta situación solo ocurre en países como España, USA (donde los mexicanos somos el principal chivo expiatorio), o Francia; y que en México no somos anti inmigrantes porque lo sufrimos en nuestra frontera norte o que en México no existe el racismo porque la mayoría somos de la raza de bronce.

Sin embargo, el otro día por azares del destino conocí a un joven hondureño –que podría pasar por mexicano, colombiano o hasta pakistaní–. Cuando me dijo de donde era le quise ‘hacer plática’ diciéndole que era mexicano y empecé a hablarle de fútbol. Pregunté por Carlos Pavón Plumer, el legendario delantero catracho que jugó en equipos como el Napoli o el Cruz Azul. Mi sorpresa fue que no obtuve una respuesta muy efusiva y al principio pensé que era porque no era un aficionado al fútbol como yo, pero en un momento me miró como si no pudiera contener lo que pasaba por su cabeza y se atoraba en su garganta, al final se atrevió y me dijo: no te ofendas, pero tus compatriotas me trataron muy mal cuando hacía mi escala de Tegucigalpa hacia Paris. No regresaría a México ni aunque me pagarán.

Me contó lo que pasó en el aeropuerto de la Ciudad de México, ahí las autoridades mexicanas elegían por nacionalidad quién pasaba a la sala de espera y quién no. Como si fueran delincuentes, encerraron a todos los hondureños y demás centroamericanos en una habitación con colchonetas para que no se pudieran escapar, pensando que irían rumbo a USA. A él y otras personas entre mujeres y niños les quitaron sus pasaportes por lo que estuvieron en esa habitación por casi 11 horas que duraba la conexión de aviones. Todo esto, recordaba, sin probar bocado ni agua.

Nadie dio explicación a pesar de que en los primeros momentos no paraban de gritar por la indignación de ser tratados así, en un país que a priori, me dijo con desilusión, admiraban. Después de unas horas, agotados, se resignaron. Cuando llegó el momento de tomar el avión, salieron y no tenían fuerza de interponer una denuncia, el tiempo para abordar se iba a pasar y tampoco tenían esperanza de que pasara algo.

No sabía qué decirle, estaba igual de indignado que él. Por último, dijo entre sarcasmo e impotencia, que las autoridades mexicanas lo habían tratado como narcotraficante, como esos ampones, afirmó, que van a generar la mayoría de la violencia en Centroamérica.

En México todavía no hay un partido como VOX que se situé en la extrema derecha en contra de los migrantes que llegan a México o pasan por ahí para ir a Estados Unidos. Y esperemos que nunca llegue, sin embargo, lo que sí que tenemos son esas acciones racistas, las cuales debemos desterrar de una vez por todas como las del aeropuerto –y las que pasan diariamente en la frontera sur de México–.

Espero que en las próximas elecciones VOX desaparezca, aunque siendo sincero eso no parece un escenario probable.

La migración debería ser por convicción y no por necesidad, como lo hacen la mayoría que van a los Estados Unidos o a la Unión Europea. Lo hacen para escapar de la pobreza y de las guerras apoyadas por estas superpotencias para que sucedan lejos de sus fronteras.

Cualquier persona en estos contextos buscaría alejarse de ella y encontrar mejores condiciones de vida, como por ejemplo los españoles que sufrieron la Guerra Civil y fueron a México.

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