Divide y vencerás

Modito
Andrés Manuel López Obrador FOTO: WEB
- en Opinión

Francisco Vargas / Bien lo decía el extraordinario estadista romano Julio Cesar: “divide y vencerás”, pues es que al poner en práctica esta famosa frase en el terreno militar o (en este caso) político, los resultados son generalmente positivos para quien la sabe implementar de manera correcta. Tal es el caso de López Obrador, pues es que su maquinaria propagandística, la cual promovió durante más de 12 años parece que por fin tuvo los resultados que él hubiese deseado que se dieran por allá del 2006. Su repetitivo discurso populista por fin ha penetrado en lo más profundo de la ideología de la mayoría de la clase baja, convenciéndolos de que el verdadero cambio por fin se consolidó con su llegada al poder.

Sin embargo, lo verdaderamente preocupante no es que le haya lavado el cerebro a gente que por desgracia a veces no sabe ni leer ni escribir, sino que a pesar del evidente fracaso de su gobierno y de la crisis que ha desencadenado, millones de mexicanos (sin que necesariamente sean partidarios de él) siguen negándose a ver el gigantesco problema en el que está metiendo al país entero.

Y es que es precisamente eso uno de los efectivos resultados de su demagogia fomentada por más de una década y que con la ayuda de aliados en los medios de comunicación o en este momento con el enorme aparato de poder que representa el Estado, Andrés Manuel simplemente dirige la opinión pública del país a donde se le dé su gana.

Pero el resultado de esa interminable campaña electoral que comenzó hace 20 años que sin duda es el que más le ha ayudado desde que tomó la Presidencia en 2018, es el mantener doblegada a una oposición prácticamente inexistente en el ámbito político y social. A los partidos opositores (PAN, PRI MC y PRD) los aplastó hace dos años y tras la desaparición de sus candidatos: Ricardo Anaya y Pepe Meade, sus funcionarios y dirigentes de partido no son ninguna molestia para el hoy Presidente de México, ya que hechos como los de los Congresos de Baja California, Veracruz o incluso en el mismo Senado de la República, prueban que legisladores de la propia oposición respaldan leyes e iniciativas de la 4T.

De ahí para adelante el desarrollo de la división es automático y sin ni siquiera con la necesidad de la intromisión de López Obrador, muchos de los dirigentes de la oposición apartidista o mejor conocida como ciudadana, no se toleran ni en pintura, muchos otros contrastan por el tipo de método para debilitar a morena a pesar de que la finalidad sea la misma, esto quedó constatado la semana pasada tras el choque de diferentes personalidades críticas del gobierno que figuraron en una imagen que se viralizó y comprobó lo que todos ya sabíamos: que la oposición no está organizada, no tienen un proyecto en común, que siguen existiendo rivalidades internas por figurar como líderes y que se niegan a promover la unidad o el voto útil, exhibiendo propuestas absurdas como la de exigir la renuncia de López Obrador (lo cual evidentemente no sucederá), dejando a segundo plano lo más importante, que son las elecciones del año entrante, donde no sólo está en juego el Congreso Federal, sino también las gubernaturas de 15 estados y la renovación de ayuntamientos y congresos estatales en 28.

Es esto lo que realmente debería preocupar a la oposición partidista y ciudadana, y no las pugnas internas que únicamente tienen como resultado el fortalecimiento de un partido (morena) que tampoco cuenta con un proyecto claro, pero si con el respaldo “obradorista” que hace que (como lo mencioné anteriormente) dejen de lado sus evidentes y graves errores para seguir ciegamente apoyando a cualquier candidato sin importar que tan inepto o ignorante sea, tal fue el reciente caso de Puebla con el impresentable Miguel Barbosa.

Tenemos exactamente 6 meses para unificar una oposición sólida, organizada y fuerte que deje atrás rencores y divisiones para llegar fortalecida a 2021 y quitarle la mayoría legislativa a Morena a nivel federal y estatal, así como también las gubernaturas de los estados donde se jugará el futuro de más de la mitad del país.

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