Irresponsable

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Las playas durante la cuerantena de covid-19 FOTO: CARLOS NAVARRETE / TWITTER
- en Opinión

Brenda Caballero / Un matrimonio camina lentamente hacia el parque. Ella lleva a una niña de la mano y él a un pequeño en un carrito de paseo. En la esquina, dos jóvenes ven sus cronómetros; en short y tenis corren alrededor del área verde. Al fondo, junto a los juegos, un vecino juega con sus dos nietos. Una niña en bicicleta maneja en círculos. El parque no tiene bancas, sino largas bases de concreto para sentarse. En un extremo, una pareja platica casi al oído, mientras una chica está sentada sobre las piernas de su novio y se besan apasionadamente. Esto se lo platico al Hombre después de haber regresado y haber hecho la despensa…

–¿Estás enojada?– Me pregunta.

–¡Claro que estoy enojada!– le digo –¿Y el Quédate en Casa? ¿Dónde quedó? ¡No entiendo por qué somos tan irresponsables! ¡Qué no ven que estamos en medio de una pandemia internacional!

Hay muchas personas que toman las cosas con seriedad, pero a otras realmente les vale madre. ¡Piensan que no se van a contagiar de SARS-CoV-2! y lo más simple es decir “¡Pues si me he de morir…!”

El asunto es que tal vez ellos o ellas no se mueran por contraer el virus, sino únicamente se contagien y sean portadores sin desarrollar la enfermedad Covid-19, sin síntoma alguno, porque son asintomáticos o puede ser que anden contagiando a diestra y siniestra, mientras no manifiestan síntomas ¿Y los demás?

Conste que no hablo de las personas que tienen que trabajar porque no tienen otra opción que salir de sus casas: transporte público, taxistas, que a ellos les está partiendo toda su … economía, al igual que a fondas, restaurantes, y otros comercios menores que han tenido que cerrar poco a poco sus negocios porque simplemente no tienen clientes. Los comerciantes mayores no se salvan, son menos ingresos con los que no pueden subsanar gastos de su actividad, su la nómina, impuestos, etcétera. Hablo de ésos que andan paseando como si nada, de los que hacen sus fiestas, de los que atiborran las playas, como si no tuviéramos una emergencia nacional. ¡Son irresponsables!

Tal pareciera que exagero con el protocolo a seguir al llegar a casa con mi ropa y accesorios y después lavarme las manos, pero tengo tres poderosas razones para extremar al máximo mis cuidados: un marido al que le pegó la influenza y casi se muere de neumonía; y mis abuelos, ella de 88 años y él de casi 98 años, a los cuales veo cada fin de semana para llevarles sus víveres.

Desde luego que ellos no salen, pero ¿qué pasaría si se contagian? Si los hospitales llegan a colapsar, me pregunto ¿darán prioridad a mis abuelos para salvarlos?

De acuerdo a datos del Banco Mundial, en un análisis de 178 países, México ocupa el lugar 125, con 1.5 camas por cada mil habitantes (las camas de hospital incluyen camas para pacientes hospitalizados disponibles en hospitales públicos, privados, generales y especializados y centros de rehabilitación) y comparte el mismo número de camas con los países de Ecuador (lugar 123) Colombia (124) Laos (126) y Siria (127).

Mónaco ocupa el primer lugar con 13.8 camas, seguido de Japón con 13.4 y Corea del Norte con 13.2 camas. Los últimos lugares son: Malí con 0.1 camas, Madagascar e Irán con 0.2

Creo que con 1.5 camas, mis abuelos tienen menos esperanza de obtener alguna, mucho menos accesar a ventiladores que apenas va a comprar el Gobierno Federal.

La tendencia en otros países es darle prioridad a los jóvenes, garantía de mano de obra para cualquier país. ¿Y en México?

Espero no lleguemos a ese punto crítico de decisión. Siga las indicaciones de la Secretaría de Salud… no son vacaciones, no salga de casa, a menos de que tenga una “razón esencial”.

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