La gente altruista

Altruista
Gente altruista FOTO: WEB
- en Opinión

Édgar Landa Hernández / En los últimos años en los que me he visto inmiscuido en una infinidad de eventos poéticos literarios, políticos y culturales he constatado que aún existe la gente altruista.

Gente que en lugar de hablar de lo que tiene se esmera de una forma desmedida por que el prójimo se vea favorecido con su ayuda. Es gente que al parecer no pide nada a cambio más que ver la cara de la felicidad del “hermano”

Lejos de enorgullecerse de sus obras la gente altruista disfruta de ayudar, ve en esa acción una forma de beneficiar en conjunto para que a todos nos vaya bien, a ellos no les importa los horarios, el exceso de carga de trabajo, o el egoísmo de ¿por qué  he de hacerlo yo? Ellos sin embargo rebosan de un corazón contento y feliz y saben que en la vida servir es una de las formas de agradecer todo lo que el universo nos otorga.

Las personas altruistas son  Gente  simple y cotidiana, como yo, de corazones amplios y miradas limpias, de esas en las que puedes adentrarte en su hondura sin dificultad, gente fuera de la forma. Nadie te cobra, nadie te pide nada, nadie se abraza y baila, solo comparten la pieza magistral de una gran partitura. Gustan de compartir el deseo de saber y vivir la vida.

La gente altruista ve las imágenes de la vida y poco a poco las va armando como un gran rompecabezas en donde el beneficiario es parte importante del mismo, la gente altruista sabe que es mejor dar que recibir y que lo que se hace se comparte creando una atmósfera  de solidaridad y sobre todo de felicidad conjunta.

Cuando se trabaja con este tipo de pensamientos del altruismo sucede algo asombroso. Casi sin darte cuenta todo desaparece, el egoísmo, el ego, el orgullo, la vanidad, ya no eres el cuerpo, no la mente, no la imagen ni el espacio en que estás, no el deseo, no el sonido, no la luz, no a todo,  sólo un “alguien o algo” que está observando desde tu cuerpo, tocando el mundo con tus pensamientos y oliendo la forma con tu olfato, pero no eres tú. Te sientes amplio, extenso, diría que  casi tanto como el universo mismo, los universos y lo que los contiene, todo sin misterios, sin deseo de búsqueda porque sólo eres el que crea la forma para ser. ¡Un ser de bien!

Cuando se vive para servir de una forma altruista llega la apacible forma que sin buscarla te encuentra y te dicta tu misión, es una fuerza descomunal a la que no puedes decir ¡no!, solo sonríes y te dejas llevar por el maremágnum de emociones positivas que te hacen sentir un ser bienaventurado y diferente, listo para las encomiendas que has de continuar haciendo de una forma benévola en beneficio de la comunidad.

Es entonces cuando un silencio tan vasto  te consume, arrastra con suavidad y te lleva a un lugar donde te pierdes de todo pero insisto, eres todo,  es tan extraño y además, podría decir aunque es contradictorio, placentero, no hay dolor, temor, apego, no hay necesidad ni carencia, no hay sufrimiento porque nada te toca, nada te demanda, incluso no hay amor porque eres en él. Eres un ser en el más absoluto y total silencio,  uno que habla  tan fuerte que ya no queda duda, habitas  en el corazón de Dios.

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