Querido invierno

Xalapa
Invierno en Xalapa FOTO: WEB
- en Opinión

Édgar Landa Hernández / El día viste de frío, la lluvia tenue hace estragos en aquellos que para su mala fortuna han nacido sin nada, sin acaso esperanzas que cubran sus pieles  roídas por el inexorable paso del tiempo.

A medida que transcurre el tiempo incrementa lo helado del ambiente, sobrepasa los parámetros a los que estamos acostumbrados.

Las indumentarias propias de la época salen del clóset listos para compartir el crudo invierno que aún prevalece.

Un leve vapor emerge de la taza de café, apenas pasa desapercibido y se vislumbra en el perfume del aromático que estoy a punto de llevarme a la boca, saboreándolo lentamente mientras las ideas llegan.

Y mientras eso acontece me bombardean las noticias de lo malo que sucede en el mundo, aquí, allá, donde quiera la gente tiene hambre de poder, de hacer daño, pocos son los que piensan en el prójimo, en la forma de ayudar al que no tiene ni siquiera que enfundarse en su cuerpo y sopesar las bajas temperaturas del día de hoy.

¡Mundo vil que has enaltecido a hordas que sacian sus instintos con los débiles!, los que no tienen ni una pizca de posibilidad de salir adelante, los que se conforman con comer hoy a sabiendas que mañana, no saben que les depara el destino.

Y ¿a qué llamamos mundo? Si el mundo lo hacemos todos, los afables,  los no tanto, los que aman, los que no logran expresar sus sentimientos , los que padecen, los que en  su estado emocional han sido bendecidos con la felicidad, tú, yo, él, ellos, el perdón, creo, consiste en decidir de qué lado de la consciencia quieres examinar  la vida, en la del espanto, en la del miedo ,en  el amor y el equilibrio, o en algún otro, por lo tanto, la elección está en nosotros mismos.

Un suspiro llega y acaricia mi ser, las ventanas lloran y sus gotas recorren pausadamente hasta perderse y quedar ahí, muertas, desfallecidas sin llegar a ser nuevamente ellas, me siento mutilado, se me entumen los párpados  y el desgano llega, aun así, la esperanza resurge y anida en este corazón que no se cansa de admirar la bella creación de Dios

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