Recuerdo de Tlacolulan

Cacicazgos
Tlacolulan, Veracruz FOTO: MWRR 777/PANORAMIO
- en Opinión

Jorge Díaz Bartolomé / Hace un par de años, 25 de diciembre del 2016 decidí conocer el pueblo de Tlacolulan, esta es la historia:

Con un agradable clima decembrino, decido visitar un rincón en la serranía de Veracruz, conduzco por la carretera federal a México y en 15 minutos se encuentra la desviación al pequeño poblado de Rafael Lucio (antes San Miguel del Soldado), continuo mi camino entre paisajes cubiertos con piedra volcánica que se extienden hasta la región de «Mal País», congregación de Coacoatzintla donde según la tradición, se fundió la imagen de la Virgen de Guadalupe por la erupción del Volcancillo por la zona de Las Vigas de Ramírez.

El ganado lechero se puede ver en muchos potreros delimitados también con piedra volcánica a lo largo del trayecto, parecen pinturas. El primer poblado que aparece en el camino es El Fresno, más adelante la Colonia Zaragoza, para finalmente llegar a Tlacolulan de los Libres.

Su importancia se debe principalmente a que fue el primer asentamiento Totonaca en la región; su nombre se refiere al “lugar de escribientes” llamados tlacuilos que eran los encargados de dar cuenta de los actos del tlatoani o cacique.

Pero mi visita se enfocó primordialmente al estado en el que se encuentra el pueblo, que por la sencilla razón de no estar en el camino Veracruz-México su desarrollo quedó relegado.

A la llegada, inmediatamente ubiqué las pocas construcciones de principios del siglo XX, ingreso a una antigua tienda que tiene un mostrador de madera muy gastada por el uso y una estantería semi vacía, platico con el encargado unos instantes, inmediatamente después me dirijo a la iglesia de la Inmaculada Concepción construida en el siglo XVIII, pero como sucede en muchos pueblos del país, los caprichos de los sacerdotes en turno alteran los templos haciendo adecuaciones a su gusto y la Inmaculada no fue la excepción. En 1961 se le agregó una segunda torre, rompiendo por completo con la imágen franciscana. Cuenta con una campana del siglo XIX con un nombre ilegible y una pequeña del XX.

Una vez abajo del campanario, el sacristán me presenta al señor José Adán Pascual Arizmendi Hernández, propietario de la antigua tienda que visité una hora antes. Como buen anfitrión, me platica todo lo que representa Tlacolulan para ellos y los cambios que ha sufrido con el paso del tiempo, recuerda cuando sembraron las hayas hace 20 años y como defendieron las bancas de mampostería originales del parque, sin embargo, no pudieron evitar la construcción de un quiosco completamente antiestético.

Pascual Arizmendi recordó como su abuelo Blas Arizmendi Corona abrió la brecha San Miguel-Tlacolulan con sus propios recursos cuando fungió como primer Presidente de la Cooperativa de Pasajeros. Amablemente abre el baúl de los recuerdos y muestra sus tesoros fotográficos; me muestra su casa, aún con aquella duela característica de las casas de tierra fría. Más tarde visitamos una fonda, donde por encargo preparan barbacoa, siempre con la hospitalidad de la gente de Tlacolulan.

Una visita que me enseña que desde nuestra trinchera, mucho podemos hacer por México y que los pueblos son sólo un lugar más en el mapa para mucha gente.

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