A la mexicana

Mexicana
Banco de México FOTO: WEB
- en Opinión

Jorge Flores Martínez / Hace unos días un premio Nobel de economía se preguntaba porqué México no ha tenido el crecimiento económico esperado cuando ha aplicado políticas económicas similares a las de otros países, que ahora presentan un crecimiento mayor en sus economías y en sus indicadores de desarrollo humano.

Sin duda lo que comenta el premio Nobel es a todas luces cierto, hemos aplicado políticas económicas que en otros países han dado mucho mejores resultados que en el nuestro. Lo que no tiene claro este premio Nobel, es la propensión que tenemos en hacer todo con nuestro muy particular estilo de hacer las cosas, nos gusta todo a la mexicana.

Desde que los españoles nos conquistaron y dejamos nuestras amadas pirámides y el especial gusto de hacer sacrificios humanos por miles, nos encontramos con la disyuntiva de hacer las cosas como se deben hacer o hacerlas a la mexicana. Nuestra propia historia da cuenta de lo anterior.

En 1810 un sacerdote medio tocado de la cabeza nos promete liberarnos del mal gobierno de los españoles, y nosotros siempre con la mejor disposición, lo acompañamos entusiastas y felices en eso de matar gachupines al por mayor.

Pasaron años de terribles matanzas para que lográramos nuestra tan deseada independencia, pero como a nuestra idiosincrasia no la podemos traicionar, decidimos hacerla como nos gusta y acomoda. Se consumó la independencia en manos de un soldado realista, Agustín de Iturbide, y fuimos independientes a la mexicana.

Años después llega un indio oaxaqueño y nos ofrece una serie de reformas que nos prometían un país moderno, pero remisos como somos, mejor llamamos a un príncipe europeo para que gobernara esta maravillosa tierra. Cuando nos encontramos con que el príncipe barbado nos ofrecía más modernidad de la que estábamos dispuestos a asumir, mejor regresamos con el oaxaqueño y emprendimos la tarea de reformar todo lo necesario, pero todo muy a la mexicana.

Durante muchos años las cosas fueron relativamente bien, uno que otro golpe de estado, pero siempre de acuerdo a nuestra amada idiosincrasia, hasta que llegó a la presidencia un señor que decidió quedarse muchos años y hacer de México un país de progreso y bienestar, pero a la mexicana.

Nos cansamos del dictador cuando ya era anciano y llegó otro señor que nos convenció que lo importante era hacer de nuestro país una democracia. Fue entonces que nos apresuramos a tomar las armas y mandar al exilio al anciano dictador y disponer todo para hacer de nuestro país uno democrático y moderno.

A muchos les pareció demasiada modernidad y democracia, así que regresamos a los balazos y nos matamos como solo nosotros sabemos hacerlo, a la mexicana.

Al final la revolución no la ganó nadie, lo que nos venció fue el cansancio de matarnos unos a otros, y fue así que llegamos a la conclusión que lo mejor era hacer una democracia, pero a la mexicana. Logramos lo que nadie en el mundo había logrado, hacer de una revolución una que era institucional.

Nos bajamos del caballo y la revolución institucional gobernó el país por ochenta años. Prometieron todo: un desarrollo, pero estabilizador; un neoliberalismo, pero social, un ingreso al primer mundo con un tratado de libre comercio con nuestro eterno enemigo del norte, pero todo siempre como nos gusta, a la mexicana.

Años después y ya cansados de la revolución institucional, llegó el momento ansiado de la alternancia democrática. Un partido conservador y derecha se sienta en la presidencia, iniciando el período de la alternancia, pero por desgracia a la mexicana.

Dos sexenios después, añorantes de la revolución institucional, mandamos al carajo a los conservadores y nos entregamos a las promesas de “Mover a México”. Nos proponían una serie de reformas estructurales que, así de jalón y casi sin darnos cuenta, seriamos modernos de una vez por todas. Las reformas propuestas se realizaron, pero a la mexicana, dejamos intactos esos privilegios e impunidades que venimos arrastrando desde que hacíamos pirámides obedientemente.

Ahora nos encontramos con la novedad que, para salir de nuestro atraso debemos regresar cuarenta o cincuenta años en nuestra historia y ahí buscar todo lo que necesitamos para hacer crecer nuestra economía y salir de pobres. Nos ofrecen un gobierno de izquierda y progresista, con los valores de la honestidad y la verdad como conceptos indispensables ¿Pero que creen? Otra vez será a la mexicana.

El economista con su premio Nobel no puede ver lo que yo tengo perfectamente claro, vamos a aplicar todas las políticas que sean necesarias, vamos a implementar lo que se requiera para salir de nuestro desesperante atraso y pobreza, pero con una única condición, que siempre lo haremos a la mexicana.

Después de tanto tiempo no hemos caído en cuenta que hacer todo a la mexicana siempre dará resultados a la mexicana.

Por desgracia, aun nos seguimos matando unos a otros como solo nosotros sabemos hacerlo, a la mexicana.

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