Escuelas normales mexicanas, ¿renovarse o morir?

Con las nuevos tiempos, las escuelas normales deberán buscar renovarse para no morir FOTO: WEB

Renovarse o morir, modernizarse o dormirse en sus laureles. Esa es la cuestión que enfrentan las escuelas normales mexicanas, cuna de maestros ilustres. Durante varias décadas, inmediatamente después de la Revolución Mexicana, las escuelas normales fueron formadoras de los cuadros de maestros que impulsarían el desarrollo académico y dinámico de la nación. Sin embargo, después de la aplicación de la mal llamada Reforma Educativa, los maestros normalistas fueron desplazados por los recién egresados universitarios.

Con la aplicación de la nueva Ley de Servicio Profesional Docente, las puertas de las aulas, considerado el espacio privilegiado de los maestros normalistas, se abrieron para que profesionistas con carrera universitaria pudieran dar clases en el nivel básico, incluyendo bachillerato. De manera que las escuelas normales del país pasan por una crisis de identidad y de sobrevivencia debido a que durante los últimos 30 años se descuidó su mantenimiento y apoyo por parte de las autoridades federales. Las escuelas normales han sido castigadas históricamente en términos de recursos.

Es cierto que el presupuesto de normales creció a partir de 2012 y se elevó significativamente en 2016 y 2017, pero se necesitaría una decisión político-financiera fuerte para impulsar en esos centros una renovación profunda, en recursos humanos, en equipo, en espacios formativos especiales como laboratorios, bibliotecas, gimnasios, etcétera. De manera que una golondrina no hace verano. Se requiere una verdadera redignificación del normalismo mexicano, para que se eleve la calidad formativa de las nuevas generaciones de docentes.

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