Pero los que no van a descansar ni el primero de julio y seguramente estarán muy activos unos días después de la elección, son los Pejezombies y los AMLOfóbicos, las dos faunas bastante defenestradas entre ellos. Los AMLOfóbicos en su frustración (nunca pudieron bajar un solo punto porcentual a López Obrador) se tiran a matar y postean los cuentos más extraordinarios, cuentos chinos que sonrojarían a los hermanos Grimm.
Los Pejezombies insisten con su voto parejo, inconsciente; ellos piensan votar llevados por la luz de su líder. Afortunadamente existen millones de mexicanos que han meditado su voto y piensan votar por el candidato que consideran mejor, sin dejarse llevar por llamados mesiánicos ni por escenarios catastrofistas. Esos mexicanos asumirán el resultado con júbilo o con estoicismo. Pero por supuesto que reaccionarán a un posible fraude electoral.
