Los otros, los AMLOfóbicos, son muy semejantes, aunque se encuentren en el polo opuesto. Ya andan inventando pactos, ya andan inventando desastres, represiones y venezolazos. Esos a los que no les importa que todos sus esfuerzos han sido en vano, ahora pregonan que cuando llegue López Obrador a la presidencia, se van a suprimir las libertades religiosas, se van a sancionar las procesiones y se van a destruir los templos; sólo faltó decir que se iba a fusilar a los curas.
Estos AMLOfóbicos, en su rabia por ver que no pudieron con López Obrador, son capaces de decir que el inminente presidente tiene pacto con el demonio. Es un duelo de rabias, de iras, de cólera; pero también de imbecilidades. Afortunadamente nada en la tierra es eterno, y ya se acerca el fin de esta confrontación. Esperemos que como dice la canción de Serrat, terminada la “fiesta”: «Y con la resaca a cuestas/vuelve el pobre a su pobreza,/vuelve el rico a su riqueza/y el señor cura a sus misas».
