Ya cerca de los 60, Fidel se convirtió en un ave de rapiña que quiso devorarlo todo. Comentan sus más cercanos colaboradores, que Fidel tomó a todas las mujeres que quiso, a las más hermosas les regaló hasta hoteles. Dicen esos excolaboradores que Fidel se dio a los excesos como nunca antes, siendo que estaba a un paso de la tercera edad. Le entró una codicia como no se había visto en un gobernante antes; la codicia es el deseo de tener lo que no te pertenece.
Al final Fidel ya es un hombre hecho, es decir deshecho. El periodista Armando Ortiz anticipó su final: «Sólo una cosa más señor Doctor, cierta noche, cuando esté solo en su habitación acérquese a un espejo, mírese fijamente a los ojos y pregúntese si está orgulloso del sujeto que ve; a lo mejor estará satisfecho, como el ave de rapiña después del banquete, pero orgulloso, le juro por esta Patria que todavía no logro entender, orgulloso nunca lo va a estar. Sólo espero que un sujeto como usted nunca nos vuelva a ocurrir en Veracruz».
