El primer odio es el más común; la gente odia y desea causar daño a los demás por razones muy diversas: porque son diferentes, porque no piensan igual, porque piensan que ya antes esa persona le causó daño, por envidia y por encomienda; la gente paga para que lo odien a uno. Ese odio se está trasmitiendo en las redes sociales. De alguna manera los perfiles de Facebook se han convertido en una máscara en el que algunas personas se esconden para dirigir sus mensajes de odio.
La gente soporta cada vez menos que otros no piensen como ellos, que otros no sean como ellos, que otros tengan un destino más afortunado que el de ellos y por eso odian. Pero su odio se vuelve cobarde y anónimo, gracias a esa máscara que les permite un perfil falso de Facebook. ¿Sabrán esos sujetos que el que odia a su hermano poco a poco se adentra en la oscuridad? Qué pena que alguien se dé a la tarea de odiar a pesar del riesgo de quedarse ciego de paz.
