La gente podrá comprar la pantalla de 52 pulgadas con la que tanto ha soñado, sin importarle que al final las mensualidades terminen quitándole el sueño. Podrán comprar las consolas de videojuegos para los chamacos, las lavadoras o refrigeradores, la ropa y artículos varios que no requieren, pero que, según la televisión, toda familia decente debe tener.
Consumir, no ahorrar, es el propósito del “Buen Fin”. La excusa es que con esto se reactivará la economía alicaída de nuestro país; la excusa es que con esto no se despedirá a muchos empleados de las empresas que obtendrán grandes ganancias de este “Buen Fin”. Lo que nos debe quedar claro es que el sacrificio de la economía de los muchos, no justifica la codicia y avaricia de los pocos.
